Entrevista a José Luis Duce Aragüés, premio Batefuegos de Oro 2018

///Entrevista a José Luis Duce Aragüés, premio Batefuegos de Oro 2018

«El factor humano está en el centro de nuestra profesión»

José Luis Duce es probablemente el bombero forestal español más internacional. 
Este filólogo inglés de formación comenzó en el fuego por “sacarse un dinerillo” un verano, como tantos otros. Pero a él lo enganchó. Las circunstancias lo marcaron para querer saber por qué, y cómo, y cuándo y dónde y no ha parado desde entonces de hacerse preguntas, de recorrer el mundo y aprender en cada lugar que visita sobre su cultura del fuego y de los profesionales que lo gestionan. Y lo que aprende lo transmite para formar mejores profesionales que vivan el fuego con la misma pasión que él.  

¿Qué supone para usted el reconocimiento de un premio como el Batefuegos de Oro?
Es un privilegio y un honor, ya que lo considero un “co-reconocimiento” a mucha gente que ha vertido en mi tanta experiencia, conocimientos y tanta pasión durante todos los años en los que he desarrollado esta profesión. Este premio fue una oportunidad increíble para estar, durante unos minutos, en frente de los “focos” y agradecérselo a todas y cada una de esas personas, en especial a aquellos y aquellas que aman este trabajo y que cada día van a trabajar de manera responsable, digna, orgullosa y humilde, con todo su sentido de la profesionalidad.

Este Batefuegos de Oro es para y de ellos: mi verdadera inspiración, mi motivación, mi ánimo para seguir adelante aportando, aprendiendo y compartiendo.

Batefuegos de Oro 2018, José Luis Duce

José Luis Duce en el momento de recoger el premio Batefuegos de Oro 2018

Usted ha pasado por distintos puestos de trabajo relacionados con el trabajo de extinción, desde brigadista a formador de nuevos profesionales, ¿Qué tiene el fuego que tanto engancha?
Supongo que para cada persona el fuego significa algo distinto y único.
Para mí, el fuego, aparte de una forma de vida, me permite, por un momento, poder emular a algo tan grande como a la Madre Naturaleza, y tener la sensación de que aporto mi granito de arena para preservar este legado que nos fue entregado y que tenemos la responsabilidad de conservar. De esta forma estoy haciendo algo por los demás.

Intento que estos pensamientos me acompañen cada día, en los buenos y malos momentos, en las tareas más pequeñas y aparentemente sencillas, ante profesionales reconocidos y para aquellos que permanecen en el anonimato y hacen de ésta la profesión más apasionante del mundo: cuidamos a la Naturaleza y cuidamos a las personas a la vez.

Además, hay un sentido de equipo y de colaboración muy fuertes, de pertenencia a una familia enorme. Creo también que el riesgo, el trabajo físico y la creatividad de nuestra profesión crea lazos, une a personas, a instituciones y a culturas.
Considero que las personas que se dedican al fuego son verdaderos artistas. Y tenemos la ocasión increíble de, con nuestro arte, poner equilibrio en nuestros paisajes.
¿Hay algo más grande que eso? ¿No es suficiente para que enganche? Puede que resulte una visión bucólica o romántica del fuego, pero así es como la vivo.

para cada persona el fuego significa algo distinto y único.

Desde sus comienzos en el año 92 en Cogolludo, “porque necesitaba un dinerillo”, hasta su última etapa como formador de nuevos profesionales en Indonesia ha tenido un largo recorrido. ¿qué lección es la que más le ha marcado en estos años?
1992: Cogolludo, Guadalajara. “El Pegaso”, Pedro Henares, Marcelino Guadalajara, Mariano Cruzado, mi padre, el retén en el antiguo vivero de Los Riondos. El incendio de Montejo, … tantas personas, tantos lugares, tantas lecciones… Es muy difícil elegir, creo que injusto, entre todo lo vivido.
A nivel general, estos últimos años en los que estoy teniendo el privilegio de viajar a muchos rincones del mundo, una de las ideas que más golpea mi cabeza es que el fuego es un elemento global, está en todos los sitios y culturas y no es un problema, en absoluto. Si acaso lo hemos convertido en un problema. Y en un negocio.
El fuego es un elemento que ha estado presente en nuestro planeta desde que en la atmósfera había más de un 16% de oxígeno y combustible para oxidarse. Además, es una herramienta que hemos utilizado durante milenios para modelar el paisaje casi a nuestro antojo. La cuestión, y puede que el problema, es la gestión que hacemos del paisaje y cómo nos integramos nosotros, el ser humano, y lo que queremos hacer con el territorio.

Es evidente que cada vez notaremos más los efectos negativos del “mal fuego”. Si queremos encontrar el equilibrio entre su parte buena y su parte mala, y sus efectos en los ecosistemas y en las personas, deberíamos aceptarlo y convivir con él; deberíamos encontrar la mejor manera de mitigar sus efectos negativos, pero no criminalizarlo o sacarlo fuera de la sociedad, ya que las consecuencias de la “de-socialización” están siendo nefastas y nos alejan todavía más de ese equilibrio del que hablaba antes. Esta es una de las lecciones más importantes que estoy tratando de asimilar y de divulgar.
Y a nivel personal, muchas, muchas lecciones todos los días. Es evidente lo que nos ha marcado y enseñado a todos los que vivimos del incendio de La Riba de Saelices, o los que vivimos tan de cerca el accidente de Javier Tirado, y las conclusiones que sacamos del encuentro “Interdispositivos 2014”: es fundamental la importancia del factor humano y del equipo. Pero también hemos aprendido lecciones de acciones muy positivas, que pasan a veces desapercibidas. Para mí, la profesional que es capaz de superar los complejos de muchos compañeros e incluso las agresiones que sufren, con dignidad y entereza, es una gran lección; o también la de los compañeros que van a trabajar con la misma ilusión cada día a pesar de las condiciones laborales y la infravaloración de la sociedad, son otro gran ejemplo.

el fuego es un elemento global, está en todos los sitios y culturas y no es un problema, en absoluto.

¿Se llega a saber todo del fuego?
Cada vez entiendo menos, y no es una frase facilona, es una actitud de humildad y respeto necesaria que voluntariamente he decidido adoptar. Porque cada vez me doy cuenta de que tengo más lagunas, que me falta más por aprender. No puedo parar de querer conocer, entender, comprender; aunque esta cabeza da para lo que da.
No sé si es cierto que si un día alguien dice “lo sé todo”, debería dejarlo, pero lo que sí sé es que es muy difícil aprender algo si crees que ya lo sabes todo.
Mis grandes referentes en esta profesión son personas de todas las edades que no paran de aprender y compartir. ¡Yo quiero ser como ellos cuando sea mayor!

¿Sabemos lo suficiente del fuego como para combatir con éxito los incendios forestales?
Sabemos mucho, muchísimo y tratamos de meterlo todo en fórmulas, modelos, laboratorios, números, simuladores, computadoras, teléfonos móviles y tablets. Y eso está muy bien, nos pueden ayudar para evaluar la situación y diseñar planes de ataque iniciales o ampliados de manera segura y efectiva, y tratar de reducir así los efectos negativos del mal fuego.
Pero estamos ante una realidad de por sí cambiante. Por un lado, el fuego es un ente vivo y depende de más cosas que de los tres componentes que lo hacen posible (calor, combustible y comburente). Entendemos los factores y elementos que hacen que el fuego se propague por el paisaje en una dirección, intensidad y determinada velocidad; pero el fuego es algo más y un incendio mucho más todavía. Por otro lado, creo que acertamos a entender los mecanismos dinámicos de la Naturaleza pero sólo en parte; es decir, creo que nos falta mucho para entender lo que está pasando últimamente con los diferentes ecosistemas en este escenario de cambio global.

Con toda la humildad y respeto del mundo, tenemos mucha tecnología, muchos análisis, muchos artículos y estudios científicos que se transfieren con mucho éxito al mundo operacional; tenemos materiales, equipamiento, recursos, lo tenemos todo pero me da la sensación de que hay una desconexión con el fuego, con la sencillez de percibir por los cinco sentidos lo que es el “calorcito” del fuego, la dureza del astil, el sonido del metal, la ceguera del humo o la visión del perímetro a pie de tierra. Tal vez lo estemos complicando todo mucho y puede que esto sea en realidad más sencillo. Y tal vez deberíamos empezar por comprender dónde estamos y qué queremos lograr para ver cómo hacerlo.

Seguramente me equivoque, y no es una apología en contra de las nuevas tecnologías y medios, pero veo mucha agua y los incendios también se pueden gestionar con más tierra y fuego. A veces pienso si es verdad lo que escuché decir de los mayores cuando decían que “el día que perdamos ese sentido de la herramienta, nuestra profesión no tendrá sentido”.

es muy difícil aprender algo si crees que ya lo sabes todo.

Sin embargo, cada año vemos que se producen tragedias más grandes, con mega incendios que arrasan ciudades enteras o acaban con la vida de decenas de personas ¿cómo es posible que suceda algo así?
José Luis Duce
A esto, entre otras cosas, me refiero. Mucho agua, poca tierra y poco fuego. Pero es una opinión personal, supongo que tan respetable como el resto de opiniones.
Riba de Saelices. ¿Sabían a lo que se enfrentaban, o lo que estaba ocurriendo en la atmósfera, o lo que venía por el barranco? Yo creo que sí. Eso fue en 2005.
Yarnell Hill; estaban viendo el frente, sabían que se acercaba una tormenta probablemente seca y veían dónde se metían; era 2013. El compañero que este año perdió la vida en una pista forestal en trabajos de prevención atropellado por un vehículo, ¿conocían los riesgos de trabajar en esa vía?; estamos en 2018.

“La Seguridad es lo primero” es una frase que se repite continuamente. Tenemos tecnología en la palma de la mano que nos dice dónde está la zona segura más cercana. Tenemos protocolos, comités de seguridad, evaluaciones de riesgos laborales, normativa súper restrictiva. Pero continúan ocurriendo situaciones de riesgo que, o no son bien evaluadas o nuestras posibilidades y condiciones son sobrevaloradas. Creo que tenemos que cambiar realmente la “cultura de la seguridad”. Y esto viene también dentro de un cambio más global de la “cultura del fuego” en general.
Y luego está el aspecto social. Si observamos la realidad de nuestro mundo encontramos muchas similitudes entre nuestro ámbito más cercano y otras latitudes. No sé si es cierto que cada vez tenemos más incendios y más grandes. Lo que sí es cierto es que están afectando más a la población civil: Camp Fire, por ejemplo, Grecia este año, o Portugal, o Chile, Sudáfrica, Llutxent…

No creo que tenga que ver con que los incendios sean más grandes, puede que sí con que sean más rápidos. Los incendios, como el agua, van por su cauce: en inglés manejamos mucho el término fireshed (cuenca del fuego), similar a la watershed, cuenca hidrográfica. Y si nos ponemos en medio del cauce, nos vamos a mojar o, en este caso, quemar. Es duro, sórdido, pero para mí, simple y real. Como sociedad, nos estamos poniendo en medio del camino. No me queda claro que lo estemos viendo así de sencillo.

Por otro lado, la sociedad demanda a los dispositivos que se pongan en situaciones límite para defender propiedades o bienes, o para defender recursos paisajísticos o forestales que en realidad no estamos valorando como sociedad. ¿De verdad merece la pena exponernos tanto? Y no me refiero solo a ponerse delante de un frente de llamas.

Como sociedad, nos estamos poniendo en medio del camino del fuego

Y luego creo que hay otras cuestiones más operativas u organizativas que están detrás de accidentes, con víctimas o no: desde una mala comunicación hasta una mala señalización de las zonas de trabajo; desde un pobre o nulo liderazgo hasta un desconocimiento o incumplimiento deliberado y por sistema de normas y protocolos de seguridad; desde un ego cegador hasta una falsa sensación de excesiva confianza, pasando por una formación escasa o incorrecta; una falta de motivación brutal provocada por infinidad de razones personales o estructurales; falta de definición de competencias que vayan más allá de un convenio, protocolos de actuación revisados y adecuados, falta moralidad y gente que se preocupe de la gente. Y al final, el factor humano, elementos de nuestro comportamiento que nos impiden ver riesgos y peligros y, por lo tanto, tomar decisiones adecuadas.

Pero hay muchas historias positivas que demuestran que las cosas se pueden hacer bien. Hay dispositivos y empresas que apuestan por la mejora continua e incorporan elementos de evaluación y revisión y capitalización del conocimiento; responsables locales, provinciales o regionales concienciados con la importancia de su trabajo; líderes o mandos intermedios que toman decisiones adecuadas en el momento adecuado porque tienen un compromiso que va más allá de un contrato laboral; actuaciones ejemplares que han servido para proteger bienes de forma segura y eficiente; planes de protección, prevención o pre-extinción realizados por verdaderos artistas preocupados por nuestro paisaje y nuestra integración en el mismo; y, sobre todo, grandes profesionales que, cada día se ponen la funda y los guantes con dignidad, integridad y motivación para realizar su trabajo con profesionalidad, desde el minuto uno hasta el final y que son los que de verdad tienen la fuerza de hacer cambiar y mejorar de verdad las cosas.

La percepción del uso del fuego en nuestra profesión sí que ha cambiado y, por cierto, es imparable.

Lo que el gran público no sabe es que una cosa son los incendios forestales y otra el fuego, hasta tal punto de que el fuego se ha convertido en una herramienta para luchar contra los incendios. ¿Ha pasado el fuego de ser un enemigo a un aliado para el bombero forestal? ¿Qué importancia le da al fuego como herramienta preventiva de incendios y de gestión del territorio?
En realidad ya hemos ido hablando un poco de esto, porque todo está relacionado. No sé si el público lo sabe o si ni tan siquiera le interesa y somos nosotros los únicos que nos lo creemos y vivimos en nuestra burbuja pero hay un cambio evidente. Y, por cierto, no es nuevo, al menos en muchas zonas de nuestra península. El fuego se ha usado como herramienta de gestión del paisaje desde hace décadas en algunas zonas y siglos en otras. Y no sólo en Galicia, Castilla y León o el norte del país. Hay muchas zonas en las que el fuego, por suerte, no ha desaparecido como utensilio para modelar el paisaje.

La percepción del uso del fuego en nuestra profesión sí que ha cambiado y, por cierto, es imparable. Ahora bien, creo que nos hemos movido, en algunos sitios, de un extremo a otro. Parece que quemar se ha vuelto una moda y a todo el mundo nos gusta tirar de mechero o “llenar la antorcha y vaciarla”. Quemamos mucho más y quemamos en muchos sitios, en sitios que, a lo mejor, no hay por qué quemar.
El uso del fuego lleva detrás no sólo tradición o ganas. Lleva mucho trabajo y mucha planificación. Y también mucha ciencia, muchísimo análisis y estudio del territorio, de la ecología, de los efectos y de la adecuación de las técnicas. Una quema no es sólo una ignición y una propagación del fuego dentro de unas líneas de control. Es, a mi entender, mucho más.

Las “quemas cóctel”, que llamo yo, son necesarias por muchas razones. Sin embargo, me preocupa que se queme sin una buena planificación, sin trabajo, sin objetivos, sin un plan de manejo o de gestión del fuego dentro de un plan de gestión del territorio. Y me preocupa porque hay mucha gente que toma decisiones importantes a la cual no le gusta este manejo. Y tenemos también a una sociedad que no tiene por qué compartir nuestros gustos, para la cual trabajamos, y a la cual no se la puede estar pidiendo que haga un esfuerzo económico por pagar nuestro trabajo y luego engañarla realizando quemas que salgan tres veces más caras que un tratamiento mecánico. Además, sin ese trabajo previo, que incluye muchas cosas y mucho esfuerzo, el día que algo no salga bien, estamos poniendo en bandeja sus justificaciones. Será volver varios pasos hacia atrás y tirar por la borda el buen trabajo que mucha gente está haciendo de manera callada y con rigurosidad, desde una meticulosa quema prescrita hasta la más alegre quema de ensanche.

El uso del fuego lleva detrás mucho trabajo y mucha planificación, mucha ciencia, muchísimo análisis y estudio del territorio, de la ecología, de los efectos y de la adecuación de las técnicas

¿Qué características profesionales debe tener el brigadista que trabaje en la extinción de incendios? ¿cómo es el brigadista ideal?
Sinceramente, creo que depende de los objetivos que nos planteemos y hacia donde queremos que el mundo del fuego camine. Nuestro mundo y nuestra profesión han cambiado, y coincido con lo que dice Marc Castellnou cuando afirma que el “bombero forestal ha de ser más un gestor del fuego en el territorio que un peón”, y esto a todas las escalas, desde el técnico provincial de prevención que diseña unas líneas de control para que en caso de que se dé un incendio se le deje crecer hasta poder realizar una quema de ensanche, pasando por el brigadista que deja que el incendio salga a un lugar donde su labor sea más fácil, efectiva y segura.

Un requisito fundamental es que la persona que se dedique a esto, y ya lo hemos dicho antes, tiene que tener claro dónde está, cuál es el entorno y contexto donde se desarrolla su trabajo y en qué consiste el mismo. Éste es un requisito fundamental para no caer en la desmotivación y frustración, que tanto daño nos están haciendo. Luego puede venir una formación continua e incluso autoformación, una preparación física acorde y una preparación mental adecuada para la toma correcta de decisiones en todos los momentos.

Además, es cierto que hace falta un puntito más de compromiso, porque creo que trabajar para la Naturaleza y los demás así lo requiere. Y sobre todo, motivación, un o una profesional motivada, comprometida y con actitud siempre positiva por lo que hace. Y eso ya va de serie, es decir, uno lo trae de casa. Y si no te lo traes, es muy difícil.

Cada cual vive esta profesión de una determinada manera. Yo lo vivo de forma diferente a cómo lo vive otra persona que incluso está en mi brigada o en mi oficina. Y las dos maneras tienen que ser respetadas y complementarias. Nuestro trabajo consiste en dar soluciones y las soluciones se encuentran mejor en la imaginación, en la diversidad y en el respeto. Por eso, necesitamos profesionales imaginativos, respetuosos, que acepten y promuevan la inclusión y la diversidad de ideas, pareceres y de géneros.

Puede que suene muy lejano o algo muy abstracto, pero creo que si nos pasamos por cada uno de los retenes, de las bases, de las oficinas, de los centros de trabajo, nos daremos cuenta de que el factor humano está en el centro de nuestra profesión, y que es igual o más importante en el día a día que en la toma de decisiones en la defensa de una estructura o no.

La National Wildfire Coordinating Group en Estados Unidos gestiona todo lo relacionado con el fuego, incluyendo la carrera profesional de “bombero forestal” y eso incluye desde definiciones y posiciones, hasta protocolos de actuación, formación, materiales, investigación, absolutamente todo. Esto facilita mucho el desarrollo de tu profesión.

¿Qué diferencias ha observado entre los profesionales que trabajan en la extinción de incendios en Estados Unidos y los españoles?
Una de las cosas más bonitas que me han ocurrido durante estos últimos años en los que he tenido la oportunidad de conocer diferentes culturas, países y dispositivos, es que uno se da cuenta de que el fuego es fuego en todos los sitios y todos pertenecemos a la misma gran “familia del fuego”. Como miembros de una misma familia, aunque tengamos diferencias, al final todos somos casi idénticos. En una brigada en Indonesia, Chile, Castilla-La Mancha, Idaho o Florida, siempre te encuentras al que siempre se queja, al que siempre recoge o friega los vasos, a la motivada, al que desmotiva, a la líder nata,…, todos los papeles están presentes de una manera u otra. En todos los sitios se presentan dificultades y retos similares y a todos nos mueven las mismas cosas. Y de nuevo, en la raíz, el mismo núcleo: el factor humano.

Estados Unidos de Norteamérica es un país muy grande y diverso, con diferentes sistemas y administraciones que gestionan los incendios de maneras diferentes de acuerdo al territorio, comportamientos, presupuestos o propiedad. La National Wildfire Coordinating Group (NWCG) es la institución encargada de gestionar todo lo relacionado con el mundo del fuego en el país. Pero sólo en aquellos terrenos Federales, es decir, del gobierno central. Después, cada estado, cada condado y cada municipio, o incluso propiedad, lo harán a su manera, adoptarán los estándares NWCG o no. Y resulta que los estándares son buenos y poco a poco, y esto ha sido un proceso que está durando muchos años, todas las agencias lo están adoptando, porque es más seguro, eficiente y económico.

La NWCG gestiona todo lo relacionado con el fuego, incluyendo la carrera profesional de “bombero forestal” y eso incluye desde definiciones y posiciones, hasta protocolos de actuación, formación, materiales, investigación, absolutamente todo. Esto facilita mucho el desarrollo de tu profesión. Y ésta es una de las grandes diferencias, diría yo, entre nuestro país y ellos. Yo, por ejemplo, soy un bombero forestal que aspira a ser profesional. Pero en realidad, no soy nada; en ningún sitio viene que soy un jefe de brigada, un jefe de ignición o un bombero forestal de tal tipo y que se me suponen unas determinadas competencias y habilidades que tengo y debo desarrollar como tal y que son evaluadas.

Lo demás es muy parecido. En ambos casos, nos encanta la llama y ser llamados para hacer un ataque inicial. Nosotros tiramos más de ataque directo por lo que nuestros Equipos de Protección Individual (EPI) están más adaptados. Físicamente esto también nos condiciona; ellos están más acostumbrados a trabajar muchas más horas con herramienta  y supongo que la tipología es un poco diferente. Pero todo es muy parecido.
Tal vez, una diferencia que llama la atención es que al bombero forestal en Estados Unidos se le considera mucho más que aquí, eso es evidente; está mucho más reconocido por la sociedad, saben de su trabajo y se lo agradecen.

necesitamos un sistema integral de gestión del personal profesional del mundo del fuego

¿Es necesario un sistema de formación reglada y homologada en el fuego que iguale conocimientos y permita distinguir distintos niveles de profesionales?
Gracias por esta pregunta, de verdad. O esto o nada cambiará. Esto para mí, es una de las piedras angulares.
Como yo lo veo, desde mi humilde experiencia y opinión, más que un sistema de formación necesitamos ir más allá, necesitamos un sistema integral de gestión del personal profesional del mundo del fuego, lo puedes llamar bombera forestal, brigadista, retenero o lo que quieras. Necesitamos algo que incluya no sólo unos cursos de buena calidad con los mejores formadores. Necesitamos evaluar en qué momentos nos encontramos ahora mismo como gremio y ver hacia dónde queremos ir. Tenemos que evaluar las necesidades, ver lo que tenemos y lo que necesitamos. Tendríamos que definir bien cuáles son las posiciones que necesitamos para gestionar el fuego en nuestro territorio y definir las competencias necesarias para desarrollar el trabajo de forma segura y eficiente a la hora de conseguir objetivos. Necesitamos desarrollar currículums adecuados, cursos y materiales.

Necesitaríamos también pensar seriamente que no todo el mundo puede realizar este trabajo y, por lo tanto, procesos de selección adecuados. Importantísimo, necesitaríamos elaborar formulas de evaluar de forma continua nuestra puesta en escena de esas competencias adquiridas. Y herramientas y condiciones para que aquellas personas que lo necesitemos, se nos dé la posibilidad de mejorar y adquirirlas.

En fin, no es sólo un sistema de formación, sino que hay que replantearlo todo. Hace poco tuve una conversación con una persona que lleva muchos años en esto y ambos concluimos que nuestra profesión se encuentra en un momento muy interesante: estamos, en cierta manera, en un momento de bloqueo, casi que hemos llegado a un límite, a un tope y necesitamos de un replanteamiento profundo, una apertura de mente y estar preparados para cambiar, preparados para sacrificar muchas de nuestras prebendas y comodidades, estar dispuestos a salir de nuestras zonas de confort y pensar qué es lo mejor para nuestra profesión, para nuestra riqueza medioambiental, para nosotros y, sobre todo, para las generaciones que vienen.
Mil gracias por darme la oportunidad de exponer, en estos párrafos, la mirada de un pequeño aprendiz del fuego.
Ismael Muñoz
@Ismaelnatura
2019-01-18T10:36:51+02:0018 diciembre, 2018|Categorías: Entrevistas|Etiquetas: |2 Comentarios

Sobre el autor:

2 Comentarios

  1. Ángel 19/12/2018 en 23:58 - Responder

    Desde que conocí a Duce en 2008, ha sido un referente en lo personal y en lo profesional. Espero que algún día pueda desempeñar un puesto de responsabilidad en España.

  2. Blanca 25/02/2019 en 17:38 - Responder

    Jose Duce es una de las personas que más sabe de fuegos en el mundo! Es admirado y querido por todos los que han trabajado con él, por su buen hacer pero también por su modestia y sabiduría. España necesita gente de este calibre a la hora de tomar decisiones en nuestras políticas de fuegos. Es un tesoro !

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