Indonesia. Sociedad, cultura, bosques. Gestión del territorio

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Indonesia. Sociedad, cultura, bosques. Gestión del territorio

Indonesia es un país-archipiélago tremendo, de casi 2 millones de kilómetros cuadrados (casi 200 millones de hectáreas), situado en el Sudeste de Asia (entre Asia y Oceanía, entre los Océanos Pacífico e Índico), cuyos más de 260 millones de habitantes (4º del mundo) se reparten por las más de 17.500 islas de todos los tamaños (ínfimas o enormes; Kalimantan – antigua Borneo – o Sumatra, la tercera y sexta islas más grandes del mundo respectivamente).

El que su economía sea la decimosexta del mundo no tiene por qué reflejarse en el día a día de la sociedad, ni en la calidad de vida de sus habitantes. Tiene uno de los índices de pobreza más altos del mundo, además de estar entre los cinco países que más contaminan. A través de la ideología “Pancasila”, creada tras su independencia en 1945, los diferentes gobiernos han tratado de mantener unido a un país con más de 742 lenguas nativas a través de 5 principios que invitan a la unidad y el respeto por las religiones, culturas y creencias, y que aboga por la humanidad y la justicia social para el pueblo. Esta es la teoría, que queda muy bonita.

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Mapa de las Regiones, Provincias y Capitales de Indonesia. CartoGIS Services, College of Asia and the Pacific, The Australian National University.

Es un país sorprendente en todos sus aspectos, y, para mí, lleno de contradicciones y paradojas, no necesariamente negativas. La religión, musulmana suní en un 80%, tiene un peso muy grande en prácticamente todos los campos de la vida social y en lo personal. El aspecto cultural es tan fuerte que cuesta a veces entender procesos, reacciones, decisiones, etcétera. Hay que estar muy atento a la influencia que tienen para procurar un desarrollo normal de tu profesión.

El país mide algo más de 5.000 kilómetros de punta a punta (Sumatra en el Noroeste, hasta Papúa, en el extremo Este), en un cinturón a lo largo del Ecuador. De clima tropical, es el segundo país con mayor biodiversidad del mundo (unas 28.000 diferentes especies de plantas) en una variedad de eco-regiones que van desde selvas tropicales, subtropicales, manglares, bosques húmedos de montaña, hasta vegetación costera o incluso grandes praderas.

No quisiera extenderme mucho en esto, pero digamos que “no todo lo que se cuenta o escribe tiene por qué ser verdad”. Es cierto que, junto a otros estereotipos bien difundidos intencionadamente, los monocultivos de Palma Africana (Elaeis guineensis) están cambiando dramáticamente el paisaje, junto a otras especies como el árbol del caucho (Hevea brasiliensis), el eucalipto o la acacia (genéticamente totalmente modificadas). Pero explicar el “estado ecológico” de este país en términos tan simplistas, sin incluir sociedad, religión, economía, cultura y otros aspectos, es, en primer lugar, muy difícil y, en segundo lugar, manipular la historia, que conduce, inevitablemente a buscar culpables, delitos, criminalizar a una parte de la población que, en definitiva, hace lo que hacemos todos: tratar de mejorar nuestras vidas de la manera que creemos que es la adecuada.

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Hectáreas y hectáreas de Palma Africana en Sumatra

 

los monocultivos de Palma Africana están cambiando dramáticamente el paisaje, junto a otras especies como el árbol del caucho, el eucalipto o la acacia. Pero explicar el “estado ecológico” de este país en términos tan simplistas, sin incluir sociedad, religión, economía, cultura y otros aspectos, es, en primer lugar, muy difícil y, en segundo lugar, manipular la historia, que conduce, inevitablemente a buscar culpables, delitos, criminalizar a una parte de la población que, en definitiva, hace lo que hacemos todos: tratar de mejorar nuestras vidas de la manera que creemos que es la adecuada.

Mirar con perspectiva

Me gusta a veces poner el ejemplo de nuestro “archi-famoso y súper saludable aceite de oliva”, con unos 2.7 millones de hectáreas, que representan más o menos el 10% de la superficie forestal de España, exactamente igual que los casi 10 millones de hectáreas dedicadas a la palma africana, esta especie del “otro aceite menos saludable” (el 10% de los casi 95 millones de hectáreas de superficie forestal del archipiélago asiático). Es un monocultivo, pero ¿bueno o malo?.

Culpar del tremendo cambio en los últimos años del paisaje ecológico del país a una parte, es sólo eso, una parte. Y, a fecha de hoy, marzo de 2019, tras tres años y pico en el país, aún no entiendo de qué manera mezclamos todo: el fuego, los incendios forestales, la deforestación y los orangutanes. Puede parecer que frivolizo, incluso, pero creo que no podemos encontrar soluciones cuando se mezclan aspectos que nada tienen que ver unos con otros, o, mejor dicho, aspectos que, bajo mi humilde opinión, hay que analizar por separado, sin mezclar, sin parcialidades ni sectarismos.

Son enormes los esfuerzos que hacen diversas organizaciones por parar la deforestación en Indonesia, pero a veces tengo la impresión de que por mucha campaña que haga WWF, Greenpeace, Naciones Unidas o los boicots de los Noruegos a productos hechos con aceite de palma, o la americana Mattel a los productos de las papeleras del país (me resulta sorprendente que esta empresa boicotee el papel con el que hacen las cajas de las “Barbies” que hacen en la misma Indonesia), la situación incluye tal variedad de condicionantes a todos los niveles que se escapan de nuestra capacidad individual de mejora de la situación. Y esto no quita para que tengamos que seguir haciendo esfuerzos individuales, sobre todo, para tratar de cambiar, mejorar o conservar lo que nos rodea, o lo que tenemos a miles de kilómetros de distancia.

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Pequeñas manchas resisten al empuje de otros productos

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‘Yulinarto’ cosecha las piñas de la palma africana en Kalimantan. Justo al lado, 64 bomberos forestales tratan de controlar un incendio de unas 240 hectáreas

No olvidemos además que, el aceite de palma no es sólo un producto extendido en alimentación: está la soja en los Estados Unidos, Brasil o Argentina, la colza en Europa o el aceite de Palma Africana en Asia. El mercado del “bio-combustible” es mucho más importante como salida a este producto. A los japoneses, por ejemplo, les parece mucho más ecológico y limpio “nutrir” sus industrias con combustible procedente del aceite de indonesia que la producción de las centrales térmicas de Carboneras o Arcos de la Frontera. ¿Estarán en lo cierto o se equivocan? Además, no sé si al vasto mercado chino le gustaría que parase la producción de este aceite procedente de unos “pocos” millones de hectáreas en Indonesia o Malasia.

De lo que sí que estoy seguro, sin embargo, es de que a Yulinarto, o Supryanto, o Simbohing, y a sus familias, sí que les importa que las empresas, pequeñas y grandes de extracción de aceite, no les compren las piñas y no ganen en un día de recolección 1 millón de rupias por hectárea. Claro, no podrían adquirir una televisión más grande, una motocicleta más potente, ir a cenar a un restaurante, comprarse una camiseta del Real Madrid o unas deportivas de colores. Y por lo tanto, mientras puedan, no van a parar de hacerlo. Y, como “buenos seres humanos”, si tienen hoy una hectárea que produce un millón, lo “normal” es que mañana quieran dos. Y luego cuatro, y luego seis u ocho, y luego…

El fuego y los incendios en Indonesia

Con el fuego, con los incendios, pasa algo parecido. Si pensamos en Indonesia, desde el punto de vista ecológico, pensamos en el desastre medioambiental de 2015, en millones de hectáreas arrasadas por dramáticos incendios que deforestaron y acabaron con el hábitat de diferentes especies de animales calificados en peligro de extinción. Es cierto, en parte.

La deforestación en Indonesia no empieza a mediados de esta década, ni mucho menos, con varios cientos de miles de hectáreas pasto de las llamas que acaban con ecosistemas donde viven familias de orangutanes, elefantes o tigres. El proceso “a gran escala” empieza, sobre todo, en los años 80, con un repunte en el periodo 95-96, y otra oleada en 2005-2006.

En el 2015, las hectáreas afectadas por los incendios tremendos en Sumatra y Kalimantan, no representan ni una tercera parte de lo que ardió en 1982-83. Estos episodios de “fuego descontrolado” se vienen repitiendo cada cierto tiempo, casi siempre están relacionados con tramos de tiempo más prolongados sin precipitaciones y con menor cantidad, el conocido fenómeno de “El Niño”: el nombrado episodio de 1982-83, los años 1997-98, los incendios del 2002, del 2006 o este último de 2015:

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Gráfico de los Puntos de Calor identificados en Indonesia desde 2001 hasta marzo de 2019. Global Forest Watch

La deforestación siempre ha respondido a muchos factores diferentes, dependiendo de la época. Y no siempre el fuego ha estado detrás de ese proceso de pérdida de masa forestal: tala ilegal masiva en los 80; ocupación de la industria forestal en los 80 y 90; ocupación de tierras y transformación en terrenos agrícolas para otros productos, especialmente durante los años de más movimiento de población (1979-1984) con la política nacional de transmigración. Estas gráficas muestran la situación global población-territorio:

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Historia de la Pérdida y Degradación Forestal en Indonesia desde 1950 hasta 2015. History of Forest Loss and Degradation in Indonesia (Tsujino, 2016).

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Cobertura Forestal en Indonesia 1990-2005. World Resources Institute-WRI (FAO).

En definitiva, observando gráficos, buscando un poco y leyendo información y, sobre todo, pisando el terreno, conociendo la realidad social en campo, de primera mano, uno llega a la conclusión de que al final no existe mucha diferencia entre lo que ocurre aquí, en Sumatra o Kalimantan, y lo que sucede en Portugal, Chile, Brasil, Guatemala, Ecuador, México o Estados Unidos. Los habitantes del territorio, con diferentes motivaciones, pero sobre todo con un trasfondo económico, nos abrimos paso en el terreno, a veces forestal, y lo queremos transformar para nuestro beneficio, “abriéndolo” o “limpiándolo” con la herramienta más antigua y eficaz de nuestra historia: el fuego.

no existe mucha diferencia entre lo que ocurre aquí, en Sumatra o Kalimantan, y lo que sucede en Portugal, Chile, Brasil, Guatemala, Ecuador, México o Estados Unidos. Los habitantes del territorio, con diferentes motivaciones, pero sobre todo con un trasfondo económico, nos abrimos paso en el terreno, a veces forestal, y lo queremos transformar para nuestro beneficio, “abriéndolo” o “limpiándolo” con la herramienta más antigua y eficaz de nuestra historia: el fuego.

¿Qué es lo queremos hacer con el territorio?

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Haciendo ‘sosialisasi’ con Taufik y su señora, gente de la etnia ‘bugis’ transmigrados de Sulawesi a Sumatra. El incendio fue de unas 4 hectáreas. Y, evidentemente, no sabían “nada de nada”

Los incendios puede que no sean el problema, puede que sean una herramienta para tratar de gestionar el territorio. La manera en la que nos integremos con el paisaje, y por lo tanto, los resultados y las consecuencias del uso del fuego, dependen del enfoque con el que se haga y, sobre todo, las políticas territoriales. Se puede gestionar de una manera más conservacionista, más ecológica, más agresiva, o más o menos egoísta. Y esto, estas decisiones territoriales, este enfoque más o menos ecológico o egoísta, a Yulinarto, a Supryanto y a la gente de una “desa” o “kampung” en mitad de la provincia de Riau o de Jambi, o de Kalimantan Timur, les quedan muy lejos. Ellos, insisto, hacen lo que yo haría.

Indonesia no es una excepción. Y la gestión de este territorio va de la mano, inevitablemente, del contexto social, cultural, económico, e incluso religioso y político, en el que el país se encuentra. La pérdida de masa forestal, los incendios forestales, la desaparición de ecosistemas o hábitats, es una realidad tan complicada (y a la vez tan sencilla), que nos obliga a analizar cada aspecto influyente por separado, para una solución conjunta. Y la clave de todo, en un país donde el 99.9% (aparentemente) de las igniciones son de origen humano. Pues eso, ¡lo “humano”!

Hace tiempo, Ron Myers me enseñó lo que para mí es la clave de toda esta historia de la conservación, el uso del fuego y los incendios forestales: la pregunta que nos deberíamos hacer es ¿qué es lo que queremos?. Y según esto, una vez tengamos claro la “foto final” que queremos sacar de nuestro paisaje, será más fácil buscar estrategias, políticas, acciones encaminadas a ello.

Y hasta aquí una contextualización. Antes de terminar, me gustaría dejar claro que todo lo esgrimido aquí está basado en hechos y datos constatables pero también en opiniones personales basadas en la experiencia y el conocimiento en el terreno, opiniones, como todas, respetables, entiendo.

Espero haber sido capaz de describir, retratar y acercaros a esta realidad, una realidad que va más allá de lo que yo me podía imaginar que existía detrás de los grandes y tristes titulares de las calinas tóxicas del 2015, una realidad que estaba a punto de descubrir cuando fui invitado a dejar mi pasión, “mi casa”. Pero eso será en el próximo capítulo.

Gracias por el trabajo que hacéis y la entrega con la que os dais. ¡Claro que merece la pena!

José Luis Duce Aragüés
Bombero forestal.
Premio Batefuegos de Oro 2018

Referencias:

– Barber, Ch. V. Forest, Fires and Confrontation in Indonesia, en Coserving the Peace: Resources, Livelihoods and Security (Edited by: Richard Matthew Mark Halle Jason Switzer). International Institute for Sustainable Development and IUCN – The World Conservation Union. 2002.
– Frankenberg, E. et al. Health Consequences of Forest Fires in Indonesia. California Center for Population Research. University of California, Los Angeles. 2004.
– Gellert, P.K. A Brief History and Analysis of Indonesia’s Forest Fire Crisis. Cornell University. South East Asia Program. 1998.
– Global Forest Watch. Fires in Indonesia. www.fires.globalforestwatch.org
– Paoli, G. et al. Oil Palm in Indonesia. Summary for Policy Makers and Practitioners Governance, Decision Making and Implications for Sustainable Development. The Nature Conservancy, Indonesian Program. Jakarta. Indonesia. 2013.
– Rosul, P. Analysis of Policy Effectiveness on Forest Fires in Riau, Indonesia. School of Environment, Duke University. North Carolina. 2015.
– The Australian National University. Maps on Line. College of Asia and the Pacific. CartoGIS Services. Australia.
– Tsujino, R. et al. History of Forest Loss and Degradation in Indonesia. Elsevier. 2016.
– World Resources Institute. Indonesia. www.wri-indonesia.org
– Zahan, K.A. y Kano, M. Biodiesel Production from Palm Oil, Its By-Products, and Mill Effluent: A Review. MDPI Science Journals. Energy Series. 2018.

2019-03-11T13:44:23+00:0011 marzo, 2019|Categorías: Internacional|Etiquetas: , |Sin comentarios

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