Wind of change

Take me to the magic of the moment

On a glory night
Where the children of tomorrow dream away
In the wind of change

Las despedidas nunca son fáciles. Aún más si cabe, cuando uno se desprende de lo que supone su arrolladora pasión. Pero la vida no discurre por los derroteros que uno desea, si no por los que dictamina el azar, una inteligencia superior, o vete tú a saber qué.

samuel-piñón-despedidaTengo en mi haber experiencia en diversos aviones, a saber:
T-35 “Pillán”,
C-101 Aviojet,
CN-235,
CL215T,
CL415,
C-212/100,
C-212/200, y
Air Tractor AT802F

El último de la lista, aunque esta aumente en el futuro (que lo hará), siempre será el más especial. Incluso ocupa el puesto 8, mi número favorito, como si todas las señales lo apuntaran ineludiblemente.
Sin embargo, por diversos motivos, que no voy a enumerar aquí, debo dejar de realizar el trabajo que más me ha entusiasmado en toda mi experiencia profesional. Admito que intentaré echar alguna “canita al aire” en años venideros… pero no será fácil.

Perderé la oportunidad de volar la variante FireBoss, que era mi gran objetivo: volver a volar anfibios. Perderé la emoción de trabajar codo con codo con: mecánicos, operadores de motobomba, compañeros de helicóptero, brigadas de bomberos forestales, operadoras y operadores (qué político ha quedado, ¿no?) de las salas de control, conductores, coordinadores, capataces, técnicos, etc. Lo voy a echar muchísimo de menos.

Perderé muchos momentos, casi todos buenos y otros regulares, que acompañan a esta nuestra sacrificada profesión, que discurre en permanente guerra contra un enemigo frente al que toda negociación es fútil e infructuosa: el fuego.
Sólo la grandísima preparación, entrega y capacidad de sacrificio de todos los componentes de los diversos dispositivos son capaces, con gran esfuerzo, de alcanzar la victoria contra el fuego. Casi siempre en los primeros momentos, cuando el enemigo es débil, cuando los medios de comunicación no se hacen eco de su amenaza. Por eso, no se reconoce la labor que desempeñamos como de verdad se merece.

Cuando sí luchamos contra un gran “ejército enemigo”, peleando cada palmo de terreno con riesgo, sudor y fatiga, protegiendo en muchas ocasiones vidas humanas, bienes materiales y, por supuesto, nuestra querida naturaleza, es más fácil ver el trabajo. Pero, como bien sabéis, por muy mediático que sea, es sólo la punta del iceberg.

Los dispositivos están ahí, vigilantes, constantemente entrenados y preparados día a día, mes a mes, año a año. Algunos incluso muy precariamente: de campaña en campaña, con contratos que cambian cada pocos años, etc… lo que implica una gran inestabilidad laboral y familiar. No es una profesión fácil.

Viene un viento de cambio a mi vida. Me despido con unas últimas palabras: ha sido un verdadero honor entrar en combate con todos vosotros. Sois unos grandes profesionales. Os deseo la mayor suerte del mundo. Os la merecéis.

Un abrazote. @samupinon