La cuenta de Twitter @WildlandFirefig, de Ignacio Villaverde, se convierte en una referencia informativa de lo que sucede en los incendios forestales de Australia

Le mueve la fuerza que ha movido a la Humanidad a avanzar desde que dio el primer paso: la curiosidad. Ignacio Villaverde tiene la necesidad de saber el por qué, cómo es posible que se produzcan megaincendios imparables, capaces de devorar todo lo que se pone por delante. Necesita saber cómo asume una sociedad esa catástrofe y cómo los equipos de extinción se enfrentan al monstruo. Se pone en su pellejo y se le pone la piel de gallina al pensar en lo que están viviendo y en que algo similar pudiera suceder aquí, donde él es uno de los que estaría en la primera línea de ese terrorífico paisaje.

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Ignacio en su trabajo, la reconocida imagen que acompaña su cuenta de @WildlandFirefig

Ignacio lleva varias semanas tuiteando incasable las novedades de los incendios más graves de la historia moderna, los que asolan Australia desde hace dos meses. “Ya lo anunció el Comisionado del Servicio Rural del Fuego que este podía ser un verano muy difícil por las condiciones extremas de sequedad que arrastraban y la acumulación de combustible en los montes. Hace dos meses me di cuenta de que iba a ser algo descomunal”. Su trabajo en Twitter le ha valido el reconocimiento incluso de la Embajada de España en Sidney.

Todo comenzó en el incendio de Fort MacMurray en Canadá, el 1 de mayo de 2006. “No podía creer que se anunciase el desalojo de una ciudad entera de más de 75.000 personas. Me pareció algo descomunal y quise saber por qué y cómo se podía organizar la evacuación de una ciudad entera. A partir de ahí empecé a compartir información”, comenta Ignacio.

No comparte cualquier información, la primera que le llega o que pesca en ese mar revuelto que son las redes sociales, especialmente Twitter donde cualquiera puede convertirse en un altavoz de desinformación. “Comparto aquella información que creo que es útil a la gente para saber qué es lo que pasa. Procuro huir de la inmediatez sensacionalista en la que se ha convertido Twitter. Hay cosas que hay que darlas rápidamente pero otras hay que leerlas antes. Selecciono lo que comparto”.

Consciente de que las redes sociales son una “excelente herramienta de comunicación”, pero que también pueden serlo de alarmismo, de intereses cruzados, de visiones utópicas y bienintencionadas de la naturaleza que no ayudan a la gestión de la emergencia, Ignacio ha sabido ser prudente en su uso. “Hay gente que piensa que Twitter es la herramienta de comunicación total y no lo es. Hay que saber filtrar y utilizarla. Con una imagen de un koala muerto o quemado y con un mensaje impactante puedo conseguir muchísimos seguidores pero cuidado, nos quedaríamos en una parte del problema no entraríamos en la profundidad”.

No es Twitter, precisamente, la mejor red social si lo que buscamos es analizar en profundidad lo que sucede a nuestro alrededor, pero un tratamiento responsable de la información puede llevar a muchas personas a estar correctamente informadas o peligrosamente desinformadas. “Yo quiero facilitar datos de calidad y que serenamente el seguidor analice. No quiero darle un bofetón de emociones como mucha gente hace para tener seguidores”.

Y comenta modestamente que “tampoco soy un experto técnico de referencia, soy un bombero forestal de base que comparte su experiencia e información procedente de buenas fuentes. No pretendo que mi cuenta sea una referencia, pero sí creo que la comunicación es una parte más de mi trabajo”.

Desinformación y alarma en las redes sociales

Por extensión y por las secuelas que dejarán en el medio natural, en el aire, en los acuíferos, en la economía y en la sociedad australiana, estos incendios van a pasar a la historia. Serán analizados y comentados desde todos los ángulos y seguramente desde distintos intereses sociales y políticos. De hecho, ya han comenzado a notarse esos intereses. “El informe de la Policía de Nueva Gales del Sur por el que se habría detenido a 183 personas relacionadas con los incendios ha sido la excusa perfecta para que el potente sector del carbón llenase las redes de mensajes sobre pirómanos, hasta el propio Donald Trump lo ha dado por hecho y dijo que se dejase de hablar de cambio climático que era un problema de incendiarios, y así se distrae el debate sobre la importancia del cambio climático y las condiciones que crea para que se produzcan estos megaincendios”.

Otra de las desinformaciones que ha observado es la relativa a las quemas prescritas. “La presión este invierno de alguna organización conservacionista hizo que en determinadas zonas muy concretas se redujese el número de quemas prescritas que debería haberse realizado y que hacen todos los años. Sin embargo, esta no es la causa de estos incendios tan monstruosos. En abril, los bomberos rurales ya pidieron una reunión urgente al Gobierno australiano en previsión de que este verano iban a tener muchos problemas por la sequía. En dos ocasiones el Gobierno rechazó la reunión, no es de extrañar que ahora la gente pida responsabilidades al Primer Ministro”.

Como suele suceder en casi todos los grandes incendios paralelamente al forestal hay otro incendio en las redes sociales y en los medios de comunicación. “La gente necesita información y cuando no la encuentra se vuelca en las redes sociales y ahí está el peligro porque no sabe diferenciar una buena fuente de otra mala”. A esto hay que añadir que, en momentos tan duros como los que está viviendo Australia, la manipulación emocional es muy fácil, son tantos los frentes informativos abiertos que resulta sencillo distraer la atención del público de lo realmente esencial. “Se establece un debate sobre el número de animales que han muerto, como si eso fuera ahora lo más importante, o se dirige al debate político sobre la posición del Gobierno frente al cambio climático y se desvirtúa la emergencia”.

Sin embargo, los servicios de emergencia si están facilitando información continuamente sobre carreteras cortadas, lugares de evacuación y de atención a los desplazados y medidas de seguridad, en general. “En Nueva Gales del Sur le piden a la gente que lleven siempre con ellos una radio para poder estar al tanto de las recomendaciones y de la información de última hora”.

Hay que saber que la ordenación territorial de Australia es muy distinta de la que tenemos en España. La escala espacial es muy diferente, con miles de kilómetros de bosques y casas diseminadas en enormes extensiones. “Es imposible pensar en defender ese territorio del incendio, su filosofía es dejar que se queme y actuar cuando cambien las condiciones y saben que eso no va a pasar hasta que lleguen las lluvias. Esta forma de actuar les ha servido hasta ahora, los australianos en general tienen una buena cultura de la emergencia, con autobombas incluso en sus fincas. Pero han fallado en prever que tendrían megaincendios como los que están sufriendo”.

Son muchas las voces que vienen avisando desde hace tiempo que caminamos hacia escenarios descontrolados, con grandísimos incendios fuera de la capacidad de extinción de nuestros dispositivos. Los periodos prolongados de sequía, el aumento de temperaturas medias con picos más elevados y la mayor sequedad de la vegetación son algunas de las nuevas condiciones creadas por el cambio climático, a las que hay que sumar el aumento de combustible en el monte fruto del abandono y la falta de gestión forestal.Australia nos está enseñando lo que nos espera a todos si no cambiamos el modelo de gestión del territorio. Es difícil que suceda aquí lo mismo que en allí porque tenemos otras condiciones pero, a nuestra escala, los problemas pueden ser muy similares”.

Del análisis de lo que sucede en otros lugares se pueden extraer enseñanzas para aplicarlas en casa. Para eso hay que disponer de información de calidad y hacer un seguimiento constante de las distintas fuentes como el que hace Ignacio, “esto me sobrepasa, es tan grande la catástrofe que no puedo dejar de buscar información para saber lo que pasa. Si encuentro algo bueno, lo suelto si pienso que va a servir a otra persona”. Y nosotros atentos, su curiosidad nos facilita el conocimiento de lo que sucede.