El CLIF aprobó las «Orientaciones estratégicas para la gestión de incendios forestales en España»

El Comité de Lucha contra Incendios Forestales CLIF, aprobó en su última reunión las “Orientaciones estratégicas para la gestión de incendios forestales en España”. Se trata de un documento larga y pacientemente elaborado que indica cómo entienden las administraciones públicas la lucha contra los incendios forestales. Aunque probablemente sigan existiendo matices importantes en el enfoque de la lucha contra los incendios, lo importante de este documento es que establece un diagnóstico compartido del problema, marca los principios que rigen las distintas organizaciones en la lucha contra los incendios, señala unos objetivos y marca unas líneas de acción prioritarias para lograrlos.

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Foto UME

El CLIF es el órgano consultivo y de cooperación en el que están representadas las comunidades autónomas y la Administración General del Estado y que tiene como objetivo principal coordinar las políticas de repuesta a los incendios forestales. En su reunión del 21 de noviembre aprobó, entre otras cuestiones, un documento que llevaba años cocinándose lentamente y que, a juicio de distintas fuentes, “por fin se ha aprobado”.

Se trata de orientaciones, no son obligaciones, pero la justificación de su necesidad, recogida en la introducción del documento, es una declaración de principios de cómo se entiende la lucha contra los incendios forestales en España.

Reconoce el documento aprobado que, aunque el CLIF ejerce un papel “esencial” de coordinación de las principales administraciones competentes, “la gestión estratégica de los incendios forestales se sigue abordando de forma parcial”, lo que significa que es necesario “disponer de un marco de acción común a escala nacional”, conocido y participado “por todas las administraciones públicas y actores privados que intervienen en la lucha contra los incendios.

El fin último de estas orientaciones estratégicas es marcar “los objetivos a seguir, que definan las principales líneas de trabajo a desarrollar de forma común y conjunta, e identifiquen a los principales estamentos de la sociedad con algún grado de responsabilidad para abordarlos”.
Recoge el documento otra serie de motivos que justifican la necesidad de estas orientaciones estratégicas. Estos motivos son los que definen cómo entienden las administraciones competentes el problema de los incendios forestales:

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Foto I. Muñoz

• “Los incendios forestales son un problema transversal que requiere ser abordado desde una visión multisectorial”. Esta visión obliga, por tanto, a un esfuerzo de coordinación de políticas públicas y de actores que intervienen en su solución.

• “El fuego ha estado históricamente presente en muchos de nuestros ecosistemas” de forma natural y antrópica, modificando el territorio, “con impactos recurrentes sobre paisajes naturales y culturales”. La consecuencia de esta afirmación es que “la exclusión del fuego no es realista” y conviene considerarlo como “un elemento más a gestionar en el territorio, de forma planificada y consensuada, y determinando dónde, cuándo y cómo puede estar presente, así como cuál es su finalidad”. Dicho de otra forma, la sociedad debe “aprender a convivir con el fuego e integrar la cultura de riesgo de incendio”.

Los incendios forestales, “por su recurrencia o por su extensión”, son uno de “los principales factores de degradación de los ecosistemas”. El valor de estos ecosistemas como fuente de “recursos, servicios ambientales y sustento de actividades económicas”, fundamentales en las políticas internacionales sobre “el sector forestal, la bioeconomía o el cambio climático, demanda una visión coordinada para su conservación”.

• “Los nuevos escenarios ligados al Cambio Global conllevarán un incremento del riesgo y de la intensidad de los incendios”. Predice el documento la “ocurrencia de multiemergencias”, con el riesgo que esto supone para la seguridad ciudadana “convirtiéndose en siniestros cada vez más complejos, peligrosos y difíciles de gestionar”.

• “El fenómeno del despoblamiento, íntimamente unido al abandono de usos tradicionales del territorio y la falta de aprovechamientos forestales, da lugar a una transformación del paisaje que, en muchas ocasiones, origina estructuras forestales más susceptibles a la propagación de incendios donde se reducen las oportunidades de extinción”.

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La utilización de drones en vuelos nocturnos puede ayudar a identificar puntos calientes antes de dar por extinguido el incendio. Foto Eural

• “En la defensa contra incendios es preciso trabajar con anticipación” ante los nuevos escenarios que puede provocar un “clima cambiante”, y teniendo en cuenta que se producen en “un territorio forestal en permanente transformación ecológica y social”. La gestión de los incendios debe tener también “previsión de nuevos desarrollos de conocimiento y tecnológicos”.

• “Es fundamental reducir la amenaza que suponen los incendios para la sociedad, tanto para las personas como para bienes e infraestructuras”. El incremento de las zonas de interfaz urbano- forestal, y el aumento de afluencia de público “con fines recreativos”, facilita que se produzcan situaciones de “grave riesgo en los incendios forestales. Esta situación “exige desarrollar medidas que refuercen la seguridad de residentes y usuarios, evitando la ocurrencia y mitigando sus efectos”.

Es necesario “capitalizar el conocimiento” y la experiencia adquirida por las distintas administraciones públicas “y coordinar adecuadamente las acciones futuras, para mejorar el logro de los objetivos y hacerlo de forma eficiente, en colaboración con los grupos de investigación”.

• “Las inversiones públicas destinadas a la defensa contra incendios forestales son elevadas». Sin embargo, según el documento, «persisten desequilibrios entre las destinadas a prevención y extinción, lo que limita severamente su eficacia». Aboga el documento por «trabajar para alcanzar la máxima rentabilidad en términos de eficacia y eficiencia, sustituyendo la visión compartimentada de prevención-extinción, por una gestión integral del territorio. Además, las inversiones en restauración de incendios deben buscar la creación de territorios más resistentes y resilientes a los incendios”.

• Y termina con un reconocimiento a los “dispositivos de defensa contra incendios altamente experimentados y especializados”. Aunque señala que “es posible optimizar su capacidad de trabajo y seguridad, tanto individual como colectivamente, mejorando en coordinación y cooperación mutua. Este aspecto debe abarcar también el ámbito europeo e internacional”.