Pascual Gil Muñoz, jefe del Servicio de Uso Público del Medio Natural del Cabildo de Tenerife

«El incendio solo lo podemos apagar cuando él nos deja, si aprovechas ese momento, eres un buen técnico»

Cuando hablamos de incendios forestales con alguien que los ha vivido en primera persona, recordamos momentos y anécdotas que nos han divertido o impresionado. Pascual no nos habla de anécdotas simpáticas, sino de cómo los jóvenes técnicos llegaban a este trabajo y de su tremenda responsabilidad para estar a la altura de lo que se esperaba de ellos.
Al ingeniero se le presuponían unos conocimientos de los que la mayoría de los técnicos de su generación, por no decir todos, carecían.
De Madrid a Canarias pasando por Ávila. Un recorrido que completó con aquellas magnificas prácticas en las BRIF junto a los técnicos de la empresa EIMFOR, que entonces dirigían estas unidades para el Ministerio de Medio Ambiente, experiencias que muchos otros técnicos también recordarán.

¿Cómo llegaste a los incendios forestales?

Hice el curso de incendios de ICONA cuando terminé la carrera, porque nos aseguraron que nos contratarían a todos. Cuando salió la lista, yo no estaba, así que fui a hablar con el jefe de ICONA que lo llevaba, que en aquellos tiempos era Vicente Rodríguez. Le monté tal escándalo que debió pensar: “este o está muy loco o tiene muchas ganas de trabajar en incendios y seguro que lo hace bien” y yo creo que me contrató por agotamiento. Así que me mandaron al Puerto del Pico.

¿Cómo fue tu primer día en un incendio?

En el Puerto el Pico vi incendios desde el aire. Era técnico de base y no pintaba nada en la extinción.
Dos años más tarde, ya en Tenerife, en mi primer incendio sentí mucho miedo. Me hicieron director de extinción sin haber estado nunca en un incendio y sin ninguna formación salvo el curso del Ministerio.

¿Cómo te sobrepones al miedo?

Buscas al que más sabe y siempre hay un capataz, un agente de medio ambiente o alguien que sabe y que conoce a la gente. Yo acababa de llegar a Tenerife y no conocía ni el territorio ni a la gente. Busqué al que sabía y me dejé asesorar.

¿Cuál ha sido el aspecto de la defensa contra incendios forestales que más te ha fascinado y en el que has trabajado más?

La extinción. Cuando hay un incendio enorme con llamas de 30 m que se está comiendo la isla, hay que olerlo, adivinar dónde va, qué quiere hacer, cuando se va a calmar y cuando te abre la ventana aprovechar ese momento, porque el incendio solo lo podemos apagar cuando él nos deja, y esto puede que no ocurra en cinco días. Si aprovechas ese momento, eres un buen técnico.

En mi primer incendio como director de extinción sentí mucho miedo. Me hicieron director de extinción sin haber estado nunca en un incendio y sin ninguna formación salvo el curso del Ministerio. Buscas al que más sabe y siempre hay un capataz, un agente de medio ambiente o alguien que sabe y que conoce a la gente

Una experiencia que recuerdes apagando

Año 2005. Pidieron refuerzos en un incendio en El Hierro. Salimos de la base de La Guancha y cuando llegamos nos encontramos un incendio casi extinguido, humeando y el viento en calma. Tomamos tierra y nos mandaron a rematar un flanco. Cuando estábamos allí, se reavivó por la cola, el viento cambió de dirección y lo que era cola se convirtió en cabeza. Había un helicóptero en el suelo, que se había estropeado. El incendio avanzó hacia él y explotó, quedó totalmente disuelto en el suelo. A nuestra retaguardia oímos la explosión y vimos unas llamas de 40 m. Teníamos que escapar y evacuar un montón de cuadrillas de gente muy joven y ahora sin tener ni idea de cuál era la zona segura. El incendio que tenía 200 ha. quemó 4.000 o 5.000. Fue sorprendente.

¿Qué sentimiento te queda después de todos estos años de trabajo?

Estuve trabajando como director de extinción unos 15 años y lo dejé para cuidar de mis hijos, pues las guardias de niños y las de incendios no son compatibles si no tienes ayuda. No me arrepiento en absoluto, pero cuando veo a mis compañeros que van a un incendio, siento cierta melancolía y como que el fuego me llama. Realmente engancha.

Estuve trabajando como director de extinción unos 15 años y lo dejé para cuidar de mis hijos, pues las guardias de niños y las de incendios no son compatibles si no tienes ayuda. No me arrepiento en absoluto, pero cuando veo a mis compañeros que van a un incendio, siento cierta melancolía

¿Cuáles son los aspectos en los que hemos conseguido avances más importantes?

Ahora hay medios para saber dónde está el fuego y dónde está el personal. Buenas previsiones meteorológicas y modelos digitales del terreno. Antes nos metíamos en un incendio con un lápiz y un mapa y sabías más o menos donde estaba cada uno, pero los tiempos de reacción ante situaciones cambiantes eran mucho más lentos.

¿Qué cambiarías de estos años?

Para ser director de extinción hay que haber estado primero en una brigada helitransportada y en fuegos pequeños. En 2002 hicimos un curso al que mandé a los ingenieros nuevos que entraron. Yo fui con ellos porque tampoco tenía tanta experiencia. Estuvimos en prácticas en brigadas helitransportadas en Galicia y Andalucía, y en 15 días tuve más incendios que en una campaña entera en Tenerife. Aprendí muchísimo.
Cuando volví a Tenerife, tenía claro lo que no tenía que hacer como director de extinción y a quién tenía que escuchar.

Para ser director de extinción hay que haber estado primero en una brigada helitransportada y en fuegos pequeños. Hay que formarse mucho antes de empezar en un puesto de responsabilidad. Cuando eres responsable no puedes pensar en aprender.

¿A qué personas te gustaría recordar?

A una cuadrilla de Benijos y al que era presidente del Cabildo de Tenerife, Adán Martín.
En el año 98 en mi primer incendio como director de extinción en Vilaflor, se montó un gabinete de crisis donde todos los políticos estaban preocupados pues en mitad del pinar había una fábrica de botellas de pvc y si el incendio llegaba allí, la nube tóxica que se iba a crear obligaría a evacuar todo el pueblo. Me habían llamado para la reunión pero nadie me hacia ni caso, y yo no tenía ya fuerzas para hacerme oír y explicar mi estrategia. Llevaba 72 horas de extinción durmiendo a ratos en el coche (entonces hacíamos esas cosas). Ellos habían decidido colocar una barrera de autobombas de bomberos en la carretera que separaba la fábrica del incendio. Yo sabía que, si no parábamos ese flanco esa noche, al amanecer subiría a copas, saltaría la barrera y alcanzaría la fábrica. Pero tenia un plan que ellos no me habían dejado explicar.

Entonces llegó Adán Martín y ante todo el revuelo preguntó quién era el técnico que estaba al frente de las operaciones. De repente todos se callaron y miraron hacia mi, y pude explicar cuál era la estrategia para que el incendio no llegara hasta allí. Me escuchó y me dejó trabajar. Media hora después, sobre las tres de la mañana, suena la emisora y el capataz de la cuadrilla de Benijos me indica que era el momento. Doy la orden de comenzar…

El incendio bajaba de reculas y cuando estaba a la suficiente distancia de la pista comenzaron a dar el contrafuego, una sola cuadrilla y un URO. Prendían escobones y con éstos iban extendiendo el contrafuego, provocando un incendio de copas que fue a dar con el flanco principal. La succión evitaba que el contrafuego saltase la pista. Fue muy delicado, un trabajo de bisturí. En dos horas habíamos acabado con el flanco que a la mañana siguiente se hubiera convertido en la cabeza del incendio que quemaría la fábrica. La idea no fue mía, fue de un agente y de la cuadrilla. Así como el Presidente se fió de mi, yo me fié de la cuadrilla. En eso también consiste ser el responsable.

Al amanecer Adán quiso volarlo conmigo para que le explicara desde el aire cual había sido la estrategia. No es algo habitual que un presidente escuche a un responsable técnico y él lo hizo. Mi recuerdo para esta la cuadrilla y para Adán.

El incendio bajaba de reculas y cuando estaba a la suficiente distancia de la pista comenzaron a dar el contrafuego, una sola cuadrilla y un URO. Prendían escobones y con éstos iban extendiendo el contrafuego, provocando un incendio de copas que fue a dar con el flanco principal. La succión evitaba que el contrafuego saltase la pista. Fue muy delicado, un trabajo de bisturí.

Algún consejo para las nuevas generaciones

Formarse mucho antes de empezar en un puesto de responsabilidad. Cuando eres responsable no puedes pensar en aprender. Yo en esos 15 días con la BRIF aprendí más que en muchos años de extinción, porque no tenía responsabilidad y podía analizar todo lo que iba viendo y escuchando.

Alguna otra anécdota…

En La Palma 2007, esperando para dar un contrafuego nos avisaron de que teníamos fuego a la espalda. Los vecinos tienen la costumbre de proteger sus fincas quemando entre ellas y el incendio, y en medio estábamos nosotros. Tuvimos que evacuar corriendo todos los medios de allí.

También en La Palma, cuatro o cinco años después en Cumbre Vieja a 2000 metros de altura, entre todo el humo, estaba dirigiendo las descargas de los hidroaviones y recuerdo el juego de luces del sol, el humo, los claros entre el humo y las descargas de los hidroaviones en un incendio que estaba muy alto en una colada volcánica. Recuerdo el contraste de colores, texturas y contraluces del humo negro, trozos de cielo, el volcán, el sol y las llamas, entre el sonido de los hidroaviones entrando. Ese fue un momento de disfrutar un fuego que ya no iba a ninguna parte.

El peor momento, el incendio de Tenerife de 2007. Dejé el incendio la tarde anterior, dormí tres o cuatro horas y me tenía que incorporar por la mañana. Yendo al CECOPIN en moto, para dar el relevo al que le tocaba, del miedo que tenía vomité la cena. No había dormido ni descansado y no sabía lo que me iba a encontrar a la mañana siguiente. El fuego estaba dando la vuelta a la isla y había muchos pueblos y barrios que se podían quemar. Esa sensación solo puedes comprenderla cuando has sido responsable de dirigir un operativo de extinción de incendios forestales.

El peor momento, el incendio de Tenerife de 2007. Dejé el incendio la tarde anterior, dormí tres o cuatro horas y me tenía que incorporar por la mañana. Yendo al CECOPIN en moto, para dar el relevo al que le tocaba, del miedo que tenía vomité la cena. No había dormido ni descansado y no sabía lo que me iba a encontrar a la mañana siguiente. El fuego estaba dando la vuelta a la isla y había muchos pueblos y barrios que se podían quemar. Esa sensación solo puedes comprenderla cuando has sido responsable de dirigir un operativo de extinción de incendios forestales

Una situación en la que hayas dicho “temo por mi vida”

En la explosión del helicóptero del El Hierro no temí por mi vida, pero sí por los chicos que estaban allí. No sabíamos por dónde nos iba a venir el nuevo fuego y había que sacar a unas 40 o 50 personas muy jóvenes y sin transmitirles pánico. Lo conseguimos, pero yo fui el primero que pasé miedo entre las llamas.
También en el incendio que quemó Teno en el año 2007. Estaba perimetrando el incendio con uno de los mejores pilotos con los que he volado, Tadeo, y de repente vi que el helicóptero no seguía el flanco. Le dije “sigue el flanco hacia delante” y me respondió “eso quisiera hacer yo”. Vi el sudor de su frente y las vibraciones para sujetar los latigazos que soltaban los mandos del helicóptero y el helicóptero arrastrado por las turbulencias generadas. Me quedé bien calladito hasta que consiguió salir de allí, pero decidí que no volvía a subir a un helicóptero a no ser que hubiera máxima necesidad.

Miguel Ángel Porrero