Entrevista a Fernando Chico Zamora. Analista de Incendios Forestales. Geacam.
Centro Operativo Regional de Lucha Contra Incendios Forestales. Toledo.

«Lo difícil es leer el fuego y a leerlo se aprende estando en él»

Fernando Chico Zamora es uno de los profesionales de la lucha contra incendios forestales más preparado y con más formación de nuestro país. Es un auténtico intelectual del fuego. Estudioso incansable y con capacidad para obtener soluciones prácticas de los conocimientos aprendidos.
Pero nada de esto sería suficiente si no uniera a esta formación académica e investigadora su otra gran pasión: el trabajo de campo. No sólo ha sido capaz de diseñar las tablas de rendimientos del personal contra incendios, si no, que él ha sido el primero en recogerlos a pie de fuego a lo largo de los muchos incendios en cuya extinción ha participado.
Fernando es un hombre todo terreno, igual maneja el ordenador, que la emisora y, si es necesario, el pulaski o cualquier otra herramienta manual. Muy pocos pueden presumir de esa conjunción.
Como formador ha tenido cientos de alumnos, nuevos profesionales que aún hoy le tienen como referencia.
Como técnico de su querida BRIF de Cártama, en Málaga, participó también en cientos de extinciones, cada una con su historia y su complejidad. Con ella ha realizado extinción en ataque directo, indirecto y dirigido contrafuegos kilométricos.
En Galicia, Málaga y ahora en Toledo, este profesional ha aportado su esfuerzo y su honestidad.
Algunos compañeros dicen que se aprende más comiendo con Fernando que en un año entero de estudio.
 

¿Cómo empezaste en los incendios?

Un amigo que había estudiado conmigo me dijo que había quedado una plaza libre en una base de Orense. Yo estaba trabajando en una empresa de topografía. Era el año 89. Dejé la empresa, me fui a Orense y hasta hoy.

Allí, llevaba una base de incendios, pero a diferencia de lo que ocurre hoy en día, entonces los técnicos de base volábamos en helicóptero. Aunque a mi primer incendio forestal fui en una cosechadora. Era un incendio cercano a la base, el primer tramo del recorrido lo hicimos en todo terreno, pero el último tramo nos llevó un paisano en una cosechadora. En aquellos años había algún EPI, pero no para todos. Los equipos más completos eran los de la cuadrilla. Yo llevaba una camisa amarilla y unas John Smith blancas. Con el tiempo llegaron unas botas y alguna cosa más.

Allí conocí a Miguel Porrero que había sido mi predecesor como técnico en aquella misma base y comenzamos una andadura poniendo la semilla de lo que luego sería la empresa EIMFOR. Empezamos a trabajar con lo que entonces era el ICONA, hasta que en los años 90 terminamos llevando alguna de las bases de incendios de las BRIF (brigadas de refuerzo contra incendios forestales), luego los EPRIF (equipos de prevención de incendios forestales), dando formación y muchos otros servicios para el Ministerio de Medio Ambiente y las comunidades autónomas.

A mi primer incendio forestal fui en una cosechadora. En aquellos años había algún EPI, pero no para todos. Los equipos más completos eran los de la cuadrilla. Yo llevaba una camisa amarilla y unas John Smith blancas. Con el tiempo llegaron unas botas y alguna cosa más.

¿Cuál es el aspecto de la defensa contra incendios forestales que más te ha fascinado?

Lo que más me gusta son los retos que te plantea la extinción y el subidón de adrenalina que te queda después de apagar un fuego, lo que, en la base de Cártama (Málaga), donde estuve siete campañas, llamábamos “las cervezas de la gloria». Tomarte unas cervezas con los compañeros después de mucho esfuerzo, sudor y lágrimas, … es lo que mola.
Ahora los retos son distintos, pero sigo intentando superarlos a diario.

¿Cuáles son las experiencias más importantes?

Primero el haber tenido la oportunidad de conocer a gente muy buena, de muchos países y de muchos dispositivos que me han dado una visión muy amplia de lo que es esto. Sin duda, los mejores años fueron en la base BRIF de Cártama y lo que me marcó de verdad fue el accidente que ocurrió en agosto de 1998. Eso fue un antes y un después en mi carrera. Sufrimos un atrapamiento y cinco compañeros de la BRIF sufrieron quemaduras de segundo grado de diversa consideración. Un recuerdo para ellos.

¿Qué sentimiento te queda después de todos estos años de trabajo?

El más importante, el haber trabajado en algo que me gusta. Levantarte cada mañana animado para ir al trabajo a hacer cosas que uno cree que son importantes. En definitiva, ver qué reto, qué incendio, qué cosa tienes que hacer hoy, distinta de lo que hiciste ayer y que a veces nunca nadie antes ha hecho. El ser el primero que hace algunas cosas es algo que motiva mucho.

¿Cuáles son los aspectos más destacados en los que hemos conseguido avances más importantes?

En España, desde que yo empecé, se ha avanzado mucho en todo: en organización, tecnología, formación, capacitación del personal, etc. La gente ahora está mucho más preparada que cuando yo empecé. Se estudian los incendios en la carrera, hay un máster de incendios forestales. Cuando yo empecé, lo máximo que tenía era la monografía 24 de Ricardo Vélez y era lo que me miraba por las noches para tener una idea de qué era lo que me iba a encontrar al día siguiente.

También se ha avanzado en condiciones laborales y en la profesionalización de los dispositivos. Por ejemplo, antes la gente sólo trabajaba 3 meses, ahora trabaja todo el año.
Ahora somos un país puntero y queda patente en las misiones internacionales en las que España está participando.

En España, se ha avanzado mucho en todo: en organización, tecnología, formación, capacitación del personal, etc. La gente ahora está mucho más preparada que cuando yo empecé. Se estudian los incendios en la carrera, hay un máster de incendios forestales. También se ha avanzado en condiciones laborales y en la profesionalización de los dispositivos. Ahora somos un país puntero.

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Hotel Alcora (Sevilla) 1994. De izquierda a derecha: Fernando Chico, Miguel Porrero, Curro Rodríguez y Silva, Richard Rothermel

En el año 99, fuiste con EIMFOR a un viaje a EEUU ¿Qué recuerdas de ese viaje?

Tuvimos la suerte de ir un equipo de la empresa EIMFOR. Era un viaje de trabajo para ver temas sobre seguridad en la extinción. Estuvimos con gente estupenda como Dick Mangan o Armando González Cabán. (Un recuerdo para él que falleció hace poco.)

A parte de trabajo, tuvimos momentos de ocio estupendos con ellos. Recuerdo que era diciembre y una noche Dick Mangan nos invitó a cenar en su rancho a las afueras de Missoula. Había una tormenta de nieve con la que casi no se podía circular, pero estuvimos haciendo los chuletones fuera y nos enseñó el jacuzzi que tenía al aire libre y en el que se bañaba en pleno invierno. Era todo muy salvaje.
Eso también supuso un antes y un después. Cuando volvimos traíamos cajas y cajas de documentación. Dick Mangan se reía de mí, porque decía que no podía llevar todo eso en el avión. Fue una estancia muy interesante y productiva.

También conociste a Richard Rothermel

A Rothermel le conocí antes de este viaje, en un curso de comportamiento del fuego que organizó EIMFOR con Curro Rodríguez y Silva. Se celebró en Sevilla y es el mejor curso en el que he estado en mi vida. Además de las clases magistrales que daba Rothermel, tuvimos la oportunidad de estar con él unos días en Sevilla y aprendí muchísimo. De hecho, lo que aprendí con él lo utilizo todos los días.

Has estado con una gran cantidad de profesionales a nivel internacional ¿Quién te ha dejado más marcado?

Richard Hildner (Smokejumper de Missoula, Montana), sin duda. EIMFOR le trajo para unos cursos que se celebraron para el ICONA. Yo tenía veintitantos años y él unos cuarenta y cinco. Nos hicimos muy amigos y casi todo lo que sé de extinción de incendios me lo enseño él. Él había estado en incendios que aquí ni nos podíamos imaginar. Me enseñó a afilar el pulaski, a manejarlo y a usar la calculadora HP programable sobre la que corría Behave para hacer predicciones de comportamiento del fuego (año 1990).

En otros cursos organizados para Andalucía trajimos a gente de Estados Unidos y de Canadá que nos enseñaron a hacer los contrafuegos desde el helicóptero. Se utilizaba maquinaria pesada, pero la máquina no era para apoyar el contrafuego, sino para que el helicóptero supiese donde tenía que echar las descargas con la heliantorcha. Eran cosas que aquí veíamos y nos dejaban alucinados. Otras cosas que se hacían como el helirapel, a principios de los 90, no las pudimos importar porque no estábamos preparados, pero lo bueno de aquellos años es que tuvimos la oportunidad de conocer a gente de muchos países, convivir con ellos y aprender muchísimas cosas.

¿Qué cambiarías de todos estos años?

No cambiaría nada. Cuando miras atrás, piensas que algunas cosas podrías haberlas hecho de otra manera, pero la vida es equivocarse y aprender.

¿A qué personas te gustaría recordar?

Fundamentalmente a todos los compañeros de la BRIF (ahora BRICA) de Cártama que pasaron por allí a lo largo de los años.
A Richard Hildner, Ricardo Vélez, Luis Villarroel, Miguel Angel Catalina y a Curro Rodriguez  y Silva, con el que empecé con las quemas prescritas en el año 98 en un trabajo donde EIMFOR era la empresa adjudicataria. Hicimos un proyecto pionero en quemas que fue financiado por la Unión Europea.
También a gente que ya nos ha dejado como José Luis Fraile y Juan Carlos Mérida.

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Base de Cartama en 1997

¿Qué consejos le darías a las nuevas generaciones que quieren trabajar en incendios?

Sobre todo, que tengan paciencia. Los incendios marcan las reglas y no se puede saber todo el primer día. Es un proceso lento, y lo bonito de este trabajo es que nunca dejas de aprender.
Mi consejo sobre todo es estar seguro de que te gusta. Un amigo mío decía, verdaderamente te das cuenta de que sabes algo de incendios el día que lo dejas. Si te gusta, al final no te quieres ir nunca porque cada día quieres levantarte y hacer cosas nuevas. Es una profesión apasionante. Muchas veces no estamos en el sitio que nos gustaría, pero el trabajo está ahí.

A las nuevas generaciones les diría que tengan paciencia. Los incendios marcan las reglas y no se puede saber todo el primer día. Es un proceso lento, y lo bonito de este trabajo es que nunca dejas de aprender. Mi consejo sobre todo es estar seguro de que te gusta. Un amigo mío decía, verdaderamente te das cuenta de que sabes algo de incendios el día que lo dejas.

 

¿Cuál es la importancia de formar un equipo?

Para trabajar en esto tienes que tener un equipo. El que piense que porque es muy buen técnico o porque es muy buen bombero forestal puede trabajar solo, está muy equivocado. Los éxitos los consigue el equipo, y el equipo hay que formarlo. Puedes ser el líder o formar parte de él. Es fundamental. El equipo está por encima de las relaciones laborales. Cuando llega un incendio en el que toca darlo todo, ahí sabes, quién es parte del equipo y quién no. Yo he tenido la suerte de tener un equipo estupendo en Málaga, desde el piloto al último bombero forestal. Había que dar muy pocas instrucciones en las intervenciones, todo el mundo sabía lo que tenía que hacer.

Para trabajar en esto tienes que tener un equipo. El que piense que porque es muy buen técnico o porque es muy buen bombero forestal puede trabajar solo, está muy equivocado. Los éxitos los consigue el equipo, y el equipo hay que formarlo. Cuando llega un incendio en el que toca darlo todo, ahí sabes, quién es parte del equipo y quién no.

Tú has estado en todo lo que son los avances tecnológicos. Siempre te han gustado los ordenadores y la informática y ahora trabajas como analista.

Antes teníamos una desinformación brutal y hoy tenemos mucha más información e información a tiempo real, o casi, unos conocimientos que nos permiten saber los pasos que va a seguir el fuego y lo más importante, saber dónde y lo que hay que mirar. Antes no teníamos ni idea si íbamos a tener un día bueno o malo. Ahora lo sabemos y cada vez afinamos más. Eso ha cambiado mucho. Hoy tenemos una información desbordante a todos los niveles, que bien manejada y procesada, te da una capacidad de anticipación fenomenal. Pero en este trabajo es muy importante la experiencia para poder interpretar todo eso. No solo es sentarte a procesar. Lo difícil es leer el fuego y a leerlo se aprende estando en él.

Hoy tenemos una información desbordante a todos los niveles, que bien manejada y procesada, te da una capacidad de anticipación fenomenal. Pero en este trabajo es muy importante la experiencia para poder interpretar todo eso. No solo es sentarte a procesar. Lo difícil es leer el fuego y a leerlo se aprende estando en él.

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Fernando Chico en un incendio en 1998

¿Cómo se lee un fuego?

Para leer un fuego tienes que haber visto muchos. Te tienes que quedar con alguna foto, retener alguna imagen, que se ha movido de determinada forma…, porque alguna otra vez te lo vas a volver a encontrar.

En al año 96 hicimos un trabajo para la Junta de Andalucía que fue un poco el precursor de los análisis de incendios, consistía en tomar datos de comportamiento del fuego en los incendios y analizarlos. No al detalle con el que lo hacemos ahora, con otro nivel de conocimientos, pero fue un primer paso y fuimos aprendiendo de cada incendio.

Cuando estábamos en las BRIF tuvimos la suerte algunos años de contar con un becario que llevaba una cámara e iba grabando toda la intervención. Nos daba una cantidad de imágenes e información impresionante, que luego utilizábamos para la propia formación de la gente, pero yo también la utilizaba personalmente para aprender y todo eso transmitírselo al equipo.

Tus tablas de rendimientos aún se siguen utilizando en España y casi en el mundo. ¿Cómo se hacía ese trabajo y para qué?

Ese trabajo lo inspiró Armando González Cabán. Él vino a España a principios de los 90 y traía lo que entonces era el programa SINAMI. Este programa planteaba cuestiones que para nosotros eran de otro planeta, como la posibilidad de ver si un incendio era o no económicamente rentable apagarlo o qué recursos podían resultar más efectivos. Tuvimos la suerte de poder estar con él en un curso en Valsaín (Segovia). Aprendí muchísimo de cómo el US Forest Service utilizaba esta tecnología de la efectividad y le planteamos a Ricardo Vélez empezar a construir una base de datos para tener un inicio de ese SINAMI. Ahí empezaron las tablas de rendimiento. Primero hicimos un muestreo piloto y luego todos los años que estuvimos trabajando con las BRIF, los técnicos rellenaban una ficha con la distancia que habían recorrido, cuanto habían tardado, qué herramientas habían utilizado, etc.

Fue un trabajo muy interesante y a mí me ha dado una visión distinta del fuego, de saber si las maniobras son o no factibles sabiendo con números si voy a tener éxito o no. Si sabes que tu equipo hace medio kilómetro por hora, haciendo una relación sencilla sabes si esa maniobra es o no viable, qué medios necesitas, etc. Creo que es una visión que la gente no tiene y se dedican a meter medios sin valorar nada más. En un fuego de 7 km de perímetro, a lo mejor puedes trabajar en 1 km, medio km o ninguno. La visión econométrica es muy importante y es una deficiencia que tenemos. Es algo que me gustaría que las nuevas generaciones tuvieran más a la vista. Hay que saber las posibilidades de éxito, poner en una balanza y valorar las actuaciones y medios que utilizas.

La visión econométrica es muy importante y es una deficiencia que tenemos. Es algo que me gustaría que las nuevas generaciones tuvieran más a la vista. Hay que saber las posibilidades de éxito, poner en una balanza y valorar las actuaciones y medios que utilizas.

Al final los que estáis en los incendios os conocéis todos ¿Quién hay en España que esté haciendo cosas importantes y a quién merece la pena seguir?

Yo estoy inmerso en mi trabajo aquí en Castilla la Mancha y no sé lo que están haciendo en todos los sitios del país. Pero los que han estado tirando del carro últimamente son los catalanes. Aquí tuvimos la suerte de apuntarnos muy rápidamente al  análisis de incendios y ahora estamos a un nivel, creo, bastante bueno. Pero yo solo puedo hablar del análisis, que es lo que ahora mismo conozco.

¿Ahora mismo Castilla-La Mancha está al máximo nivel?

No sé si al máximo nivel, pero sí creo que estamos a un nivel muy bueno, claro está, que siempre hay algo que se puede mejorar. La prueba está en que hace unos años lideramos como región una buffer capacity de apoyo aéreo en la Unión Europea, el Firegrus. También ha participado gente de Castilla-La Mancha en varias misiones internacionales en los últimos años. Personalmente, tuve la suerte de participar en 2018 en una misión de asesoramiento a Portugal, y el año pasado en un ejercicio a nivel europeo en Croacia.

Seguro que no te faltan anécdotas para recordar

La más graciosa fue un día que estábamos volando en la Sierra de las Nieves con la gente de Cártama y Jesús, uno de los capataces, asomó la cabeza por la puerta. Tenía gafas, y las gafas salieron volando. Yo le hice una seña para preguntarle por las gafas y él me contestó con otra, diciéndome que habían volado. Nos estuvimos riendo un mes…Luego por la zona se decía que se había visto a una cabra montés con gafas.

En el año 92, cuando se formaron las BRIF, teníamos que dar una formación previa a los capataces y técnicos. Teníamos que ir en un BK-117 a Prado de los Esquiladores y a la Pata del Caballo. En trayecto desde Prado a la Pata nos pilló una tormenta y nos perdimos. Tuvimos que aterrizar a la entrada de un pueblo para ver el cartel del pueblo que teníamos abajo porque ninguno sabíamos dónde estábamos. Imaginaros la cara con la que se quedaron los del pueblo.
Tengo muchas más …pero podríamos estar días contando batallitas.

Isabel Poza