Mefitu y Jara: mensajes directos y sencillos para los adultos de mañana

Si importante es el mensaje lo es tanto o más la forma en la que se hace llegar. No es lo mismo dirigirse a un público infantil que a uno adulto; a expertos que a neófitos; a personas con ideas preconcebidas o a personas que no tienen un juicio a priori. Mefitu y Jara, los dos protagonistas de la serie de educación ambiental sobre el fuego de la Fundación Pau Costa, se dirigen a un público infantil, el más receptivo, el que mejor interioriza lo que aprende y lo convierte en valores y comportamientos que le acompañarán el resto de su vida.

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Mefitu y Jara en el comienzo de uno de sus capítulos

A nadie se le escapa que la educación ambiental es una herramienta clave si queremos disfrutar de una sociedad comprometida con su entorno, con la sostenibilidad de la gestión del planeta. Es un proceso que requiere de cierta paciencia para ver sus frutos pero que cuando se hace con niños los efectos empiezan a verse en su entorno familiar antes de lo esperado. Los niños se convierten en altavoces, casi apóstoles, de los mensajes que reciben. “Los niños son el futuro, los que van a gestionar el territorio, los políticos de mañana, los que tomarán decisiones, a los que hay que educar en una nueva cultura del riesgo. Es verdad que es un proceso que lleva más tiempo, como lo forestal, que se rige por tiempos más largos, pero es que hay que sembrar para recoger”, comenta Helena Ballart, coordinadora del proyecto de Mefitu y Jara de la Fundación Pau Costa.

Mefitu es un lobo y Jara es una cabra doméstica a la que le “gusta vivir muy libre en el monte”, cuenta en uno de los capítulos. Mefitu significa Mediterráneo, Fuego y Tú. “Es un lobo porque hemos hecho un paralelismo como especie en peligro de extinción a la que queremos recuperar, al igual que queremos hacer con el fuego como herramienta de gestión del territorio que han utilizado generaciones anteriores”. El nombre de Jara es por el matorral tan presente en el ecosistema mediterráneo.

A través de ellos, los niños de Educación Primaria, “especialmente los de segundo ciclo”, comenta Helena, se acercan al fuego, a los incendios, a la gestión forestal, a la economía rural y a los profesionales que trabajan en el bosque. “Queremos trasladarles una nueva cultura del fuego, que aprendan a vivir con él y a diferenciarlo del incendio”. El objetivo es mejorar la percepción que la sociedad tiene de las actividades tradicionales y culturales como el pastoreo y los aprovechamientos forestales y explicar por qué eran importantes estas actividades para la gestión del paisaje.

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Esta segunda tanda de cuatro capítulos, elaborados con el patrocinio de Red Eléctrica Española REE, se diferencian de los primeros en que a los mensajes de educación ambiental se une una historia. “Queremos insertar los mensajes en una trama, en una historia entre los protagonistas que capte la atención de los niños. Incluimos una serie de valores que entendemos son transversales como el respeto por el conocimiento ancestral, mostrar la igualdad de género, respetar la naturaleza y, por supuesto, la concienciación en la prevención de los incendios”.

Viernes 12 de junio estreno del último capítulo

Desde hace tres semanas, esta será la cuarta, los viernes a las 12 del mediodía se estrena en internet un nuevo capítulo de las historias de Mefitu y Jara. La primera etapa tuvo también cuatro capítulos y estuvo financiada por la FECYT y la Fundación La Caixa. “Nuestra intención es continuar con las historias de Mefitu y Jara y, por supuesto, con el programa de educación ambiental”, comenta Helena.

En el primer capítulo de esta segunda etapa, titulado Autoprotección, Mefitu se ve envuelto en un incendio y recuerda las enseñanzas familiares para sobrevivir y autoprotegerse. Aparece también Jara, que se ve sorprendida por el incendio. “La experiencia del incendio los une por primera vez y para siempre”.

El segundo de los capítulos ese titula “Gestión forestal. Los protagonistas observan cómo la intensidad del fuego en el que se conocieron ha sido menor en aquella parte del bosque que estaba gestionada. Se explica en qué consiste la gestión forestal y quién la realiza.

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El tercero se centra en la investigación de causas de los incendios que hacen los agentes forestales o medioambientales; conocen a dos científicos que estudian el bosque y descubren el peligro de abandonar basura en el monte.

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El cuarto capítulo muestra la importancia de la economía local en la gestión del territorio. Mantener pueblos vivos permite gestionar el paisaje, pero para eso es necesario consumir los productos locales que se obtienen de esa gestión. Además, este consumo local permite reducir la contaminación originada por el transporte de alimentos y productos de países lejanos. “MeFiTu y Jara piensan una solución para que los ciudadanos de su pueblo tomen consciencia y organizan una jornada de educación ambiental en la plaza del pueblo”.

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Los capítulos terminan con una breve autoevaluación para comprobar que las ideas principales han sido recogidas por los espectadores. Unas sencillas preguntas ayudan a fijar los conceptos. El guión de los capítulos lo ha hecho el equipo de la Fundación Pau Costa y los dibujos son del ilustrador Roger Farré. “El artista captó perfectamente los mensajes que le lanzábamos, a pesar de no estar familiarizado con estas cuestiones, y ha sabido plasmarlos perfectamente en las historias. Ha sido un trabajo enriquecedor para ambas partes”.

Mefitu y Jara visitan los colegios

Los capítulos de Mefitu y Jara pueden verse en el canal de Youtube de la Fundación. “Están a disposición de quien quiera utilizarlos en cualquier proyecto de educación ambiental, con nombrar la fuente es suficiente”, indica Helena. También se proyectan en los colegios a los que acuden con su programa de educación ambiental.

En los colegios, una charla informativa da paso a la elaboración por los niños de dos bosques con árboles de cartón. “Uno de ellos está gestionado y el otro no. Después aparece el fuego y los niños pueden ver cómo se comporta de forma diferente en cada bosque”. Unas planchas ignífugas dan la seguridad necesaria para realizar una actividad tan visual como real.

Los títeres o marionetas son los encargados de contar las historias que sirven de vehículo para que los alumnos puedan comprender la importancia de la gestión forestal, de la autoprotección “que permite que los bomberos puedan acceder al pueblo y evitar que llegue el incendio o no, de cómo tiene que abandonar el pueblo que es afectado por el incendio; de cómo se recupera a partir de actividades tradicionales y la importancia de consumir productos de proximidad para que sea posible la recuperación”.

El escenario lo crean los niños, así que su implicación está asegurada. “Esta idea de utilizar el fuego en el colegio es de los Bombers de la Generalitat y nosotros la estamos utilizando desde el comienzo de la Fundación”, comenta Helena. “Surgió cuando se dieron cuenta de que no podían apagar todos los incendios forestales, había que gestionar el monte”. Pero, para lograrlo, es necesario que la sociedad conozca y demande esa gestión por los productos naturales y los servicios ambientales que proporciona. Y, para ello, nada mejor que la educación ambiental a través de las historias de Mefitu y Jara.