El cambio climático: factor común en los grandes incendios en todo el mundo

WWF señala al cambio climático como el factor común de los grandes incendios que han afectado a distintas partes del planeta, desde el Ártico hasta Australia. En su informe “El planeta en llamas” alerta de que esta situación de grandes incendios descontrolados será la “nueva normalidad” en muchas zonas y reclama para España y Portugal mayor gestión forestal como la mejor forma de evitar que los bosques los gestionen los incendios o el cambio climático.

australia-koala-incendios-wwf-osbo“El cambio climático ha venido para quedarse y los episodios extremos de grandes periodos de sequía y altas temperaturas, que ayudan a crear las condiciones para los grandes incendios, los vamos a tener con más frecuencia. No podemos evitar que sucedan (los incendios) pero sí podemos evitar los gravísimos daños que causan. Hay soluciones porque hay conocimiento y experiencia”, afirma Lourdes Hernández, de WWF y responsable del informe presentado a los medios.

En la presentación participan Francisco Senra, coordinador técnico de la Unidad de Análisis del Fuego del INFOCA y Rui Barreira técnico de Bosques, Alimentación y Especies de ANP/WWF Portugal

El informe presenta un análisis de los grandes incendios que en los últimos años han afectado gravemente a distintas partes del planeta. Aunque en cada región se observan circunstancias y problemas específicos “el factor común es el cambio climático que está creando las condiciones perfectas para que las llamas se propaguen más rápidamente. Así que se trata de un problema global que requiere de soluciones globales”, señala Lourdes Hernández.

Coincide Francisco Senra, en que “cada año vivimos con más frecuencia días de fenómenos meteorológicos extremos que favorecen que haya estos grandes incendios forestales. Largos periodos de sequía con precipitaciones extremas en ciertas épocas del año, pero con una notable reducción de la precipitación progresiva que es la que mantiene la humedad del suelo, hacen que la vegetación sufra más y esté más dispuesta a arder con más intensidad”.

Un problema global que requiere soluciones globales

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Incendios en la Amazonia como herramienta para desmontar la selva y conseguir superficie para plantaciones o el ganado

El pasado año fue una llamada de atención para muchas personas que hasta ahora veían en los incendios forestales un problema reducido a la época más seca del año. Grandes incendios en el Ártico, Australia, Indonesia, Amazonia, Europa, Chile, California o África central tuvieron consecuencias devastadoras en pérdidas de vidas humanas, millones de hectáreas calcinadas y viviendas e infraestructuras destruidas.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), cada año arde entre el 3% y el 4% de la superficie terrestre del planeta. Y a pesar de que los incendios son un fenómeno natural con el que ha convivido la humanidad desde siempre, el número de GIF y, sobre todo, su capacidad de destrucción en los últimos años ha llevado a concluir a WWF y otros observadores que “el cambio climático está modificando la forma en la que arde el territorio a escala global”.
En cada lugar las causas y motivaciones son distintas, “pero en todas ellos el cambio climático intensificó las condiciones de su propagación hasta que derivaron en episodios muy peligrosos e incontrolables” señala el informe.

En la Amazonía e Indonesia el problema de fondo es la deforestación por el cambio de uso del suelo con fines agrícolas y ganaderos, causante del 75 % de la deforestación a nivel mundial. «Aquí tenemos una enorme responsabilidad los países desarrollados que demandamos esos productos agrícolas, ganaderos o de biocombustibles. Nuestra dieta ayuda la deforestación», indicó Lourdes Hernández.

En Australia, señala el informe de WWF, es la acumulación de combustibles por cambios socioeconómicos. Más de 12 millones de hectáreas se quemaron en 2019. Aunque se trata de un país que ha convivido culturalmente con el fuego y los incendios, “lo excepcional de estos últimos ha sido dónde han sucedido – señala WWF-en lugar de afectar a pastizales y sabanas, ardieron bosques templados, no habituados al fuego y mucho menos de esa intensidad, cercanos a viviendas y poblaciones, lo que aumentó sus efectos sociales”.

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Helio. Portugal

En el centro y norte de Europa son directamente los efectos del cambio climático sobre los bosques lo que los hace más vulnerables a los incendios forestales. “Europa Central se está “mediterranizando” y el régimen de grandes incendios de la región mediterránea se trasladará allí. Habrá incendios devastadores en las grandes formaciones boscosas, como los Alpes o la Selva Negra alemana”, vaticina “El planeta en llamas”.

En 2019, los incendios afectaron especialmente al Ártico en Siberia, Canadá, Groenlandia y Alaska. Aunque los incendios han formado parte de estos ecosistemas “los bosques boreales están perfectamente adaptados al fuego. Llevan ardiendo regularmente desde hace miles de años” señala WWF, pero han aumentado la intensidad y la duración con la que se han producido en los últimos años. “El hollín que se desprende en estos incendios favorece el deshielo, con lo cual crea un triple efecto perjudicial, que queman millones de hectáreas de bosque, se permite una enorme cantidad de CO2 a la atmósfera y se acelera el deshielo del Ártico”, señala Lourdes.

El problema añadido es el incendio latente de turba y permafrost, los incendios zombis, como han querido llamarlos en WWF para llamar la atención. Estos incendios liberan mucho más dióxido de carbono y metano que un incendio de superficie por la combustión del carbono almacenado en el suelo durante miles de años. Esta es la otra derivada de los grandes incendios, su relación causa efecto con el cambio climático, “un círculo vicioso”: más incendios traen más emisiones de gases de efecto invernadero y mejores condiciones para tener más GIF.

En 2019 se liberaron 7.800 millones de toneladas de CO2, el equivalente a unas 25 veces las emisiones totales de España en un año. Según WWF “las emisiones de dióxido de carbono provocadas por los incendios han disminuido en los últimos años, pero en 2019 aumentaron en un 26%. Comparado con las emisiones debidas a la quema de combustibles fósiles, los incendios fueron responsables de más de una quinta parte de los 36.800 millones de toneladas de carbono liberadas el pasado año”.

El resumen que hace Lourdes Hernández es que “estos incendios van a ser frecuentes, tenemos que acostumbrarnos. Debemos combatir la emergencia climática global con soluciones globales, tenemos que crear un paisaje con oportunidades para las personas y no podemos olvidar nunca que somos naturaleza, debemos cuidarla no solo por compromiso y valores, sino por nuestra propia salud, su deterioro es el origen de pandemias como las que ahora sufrimos”.

En España y Portugal, problemas similares de abandono y falta de gestión forestal

España y Portugal no se libran de los efectos del cambio climático, su ubicación al sur de Europa, tan próximos al continente africano y a los vientos del Sáhara, les hace más vulnerables.

Desde 1994, en España se han reducido el número de siniestros y el de superficie quemada década tras década. Según WWF entre 2010 y 2019 el número de siniestros se redujo en un 36% respecto a la década anterior, lo que ha supuesto también una reducción de un 27 % de la superficie quemada. Sin embargo, señalan en su informe que “la proporción de grandes incendios (GIF) respecto al total de siniestros crece año tras año. Apenas suponen el 0,18% del total, pero en ellos arde el 40% de la superficie total afectada”.

Según los datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el reto Demográfico MITECO, el número de GIF en la última década contrastada (2006-2015) ha descendido con respecto a décadas anteriores. Es la década con menos GIF, 232 frente a los 252 de la década 1996-2005. Sin embargo, la superficie media quemada por los GIF es la segunda más alta de toda la serie histórica, desde 1970. En concreto, los GIF de la década 2006-2015 quemaron una media de 1.864,87 ha, tan solo superado por la década 1990-1999 con 2.043,43 ha. Hay que recordar que solo en 1994 se produjeron 88 GIF que quemaron 335.749,40 ha, casi el 77 % de la superficie quemada ese año.

Los datos de los últimos tres años son similares a la última década, según la estadística del ministerio.

– En 2016 hubo 22 GIF que quemaron 32.533,99 ha, una media de 1.478,81 ha por GIF.
– En 2017 se produjeron 56 GIF que quemaron 98.072,09 ha, una media de 1.751,28 ha/GIF
– En 2018 tan solo 3 GIF pero quemaron 5.276,43 ha, una media de 1.758,81 ha/GIF
– En 2019 hubo 14 GIF que quemaron 28551,42 ha, lo que da una media de 2.039,38 ha/GIF

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Doñana. España

Para WWFlas administraciones deben cambiar su prioridad: el objetivo no debe ser únicamente la reducción del área quemada, sino minimizar los impactos negativos sobre los ecosistemas (erosión del suelo, calidad del agua, emisiones a la atmósfera o impactos sobre la biodiversidad) y las personas”. Y aquí es donde cobran mayor importancia los GIF y su intensidad, directamente relacionada con la acumulación de vegetación seca y fenómenos meteorológicos extremos, lo que explicaría el aumento de superficie media quemada por ellos.

El abandono rural implica falta de gestión forestal, es decir, acumulación de biomasa, más el cambio climático y sus efectos, da como resultado un polvorín. A esto hay que unir una alta siniestralidad y una alta intencionalidad superior al 53 %. Pero el transfondo viene marcado por el abandono del territorio, de su gestión”, afirma Lourdes Hernández.

El bosque gana terreno a las zonas agrícolas abandonadas y, a la vez, hay una expansión urbana en las zonas forestales. Cuando combinamos las dos circunstancias y las ponemos en el horno del cambio climático tenemos un problema muy grave todos los dispositivos de extinción de incendios”, incide Francisco Senra.

Coincide en el análisis Rui Barreira cuando compara esta situación con Portugal. “El incendio de Pedrograo demostró varias cosas, una de ellas que el dispositivo portugués de extinción no estaba preparado. Esto está cambiando, tanto en preparación como en medios. Pero esta es la parte más fácil e inmediata. Lo siguiente es cambiar el comportamiento de las personas; reducir el número de igniciones; aprender cómo se debe hacer una quemada y a gestionar el fuego. Sin embargo, el cambio mayor es cambiar el paisaje, el abandono rural ha provocado que el bosque tome las zonas agrícolas abandonadas. Es fundamental que los gobiernos den un paso adelante”.

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Lourdes Hernández, Amaya Asiaín (presentadora del acto), Francisco Senra y Rui Barreira

No coincide tanto Francisco Senra cuando se señala a la administración como si fuese la única responsable. “No se trata de establecer un debate entre invertir más en prevención o extinción. La prevención no puede ser solo hacer cortafuegos porque son medidas pasivas que no van a resolver la situación de vulnerabilidad del territorio. La prevención debe ser integral, debe ser gestión que haga paisajes más resistentes y resilientes, paisajes vivos, mosaicos que albergan más biodiversidad. Pero eso no lo puede hacer solo la inversión pública cuando más del 70 % del territorio forestal es privado”.

Pero ¿cómo hacer entonces para que la sociedad demande esa gestión forestal que impida que los bosques sean gestionados por el cambio climático?

En Portugal la industria impone la gestión del bosque. Las zonas que gestiona y aquellas que están certificadas no sufren incendios, el problema son las zonas abandonadas. La cuestión es replantearse cómo queremos el bosque, esto es fundamental para hacer después la gestión”, señala Rui Barreira.

Hay que recuperar el sector primario, los usos sostenibles que mantienen un paisaje mosaico, hay que apostar por la recuperación social a través de la industria y la bioeconomía, hay que retener a la población rural y recuperar la complicidad con ella. El problema de la acumulación de la biomasa debemos convertirla en una oportunidad de desarrollo económico y social”, apunta Francisco Senra.

“La forma de conseguir que sea la sociedad quien demande esta gestión es la sensibilización y la educación en todos los niveles, que sean conscientes de las oportunidades que ofrece. Si invertimos en gestión la inversión en extinción será menor”, concluye Lourdes Hernández.

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