Entrevista a José Luis Villarroel Cortés, premio Batefuegos de Oro Honorífico 2018

“Un incendio forestal requiere de una organización entrenada, con experiencia y habilidad en la utilización de los recursos, muy estructurada, y con una disciplina estricta en la aplicación de los procedimientos de trabajo y seguridad”

José Luis Villarroel ha desarrollado una extensa carrera profesional en el Cuerpo de Bomberos, primero de la Diputación de Madrid y posteriormente de la Comunidad. Ha desempeñado distintos puestos desde que ingresara en 1980: ha sido oficial jefe de sección de medios técnicos, jefe del Cuerpo de Bomberos, inspector responsable de las áreas de incendios forestales, formación y riesgos laborales y terminó como director general de Emergencias.
Ahora ha cambiado la planificación y los procedimientos de seguridad por el relax de la jubilación; la tensión y la adrenalina del dispositivo de extinción por el sereno placer de la pesca; la lucha diaria en el trabajo y sus responsabilidades por la pelea con el pez que esquiva sus señuelos.
Directo y conciso, José Luis no se pierde en divagaciones simplemente comparte información y reflexiones en esta entrevista.

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José Luis Villaroel en el momento de recoger el premio Batefuegos de Oro Honorífico en 2018

¿Cómo llego a los incendios forestales?

En octubre de 1980 ingresé por oposición como ingeniero técnico industrial en la Sección Contra Incendios del Servicio Forestal de la Diputación de Madrid. La Diputación atendía todo tipo de incendios en la región de Madrid, incluidos los incendios forestales, y gestionaba la prevención forestal de los montes de la Diputación, en donde he realizado 39 campañas de incendios forestales, 38 de ellas como director de extinción.
El primer día que trabajé en esta especialidad fue al final de la temporada de 1980, en octubre, en un incendio en la zona del Valle de los Caídos.

¿Cuál ha sido aquel aspecto de la defensa contra incendios forestales que más le ha fascinado o en el que más ha trabajado?

En la anticipación de las acciones necesarias para controlar el incendio, puesto que es la conclusión necesaria del análisis del comportamiento del fuego y lo único que permite luchar de forma eficaz contra él.

¿En qué situaciones concretas ese análisis le permitió anticiparse al comportamiento del fuego?

Con respecto a la anticipación de las acciones, en el incendio que se desarrolló en el Monte Abantos en 1999. Allí se dispusieron a última hora de la tarde los recursos para combatir el avance del fuego hacia las urbanizaciones, que preveíamos que se produjera a las 00:00 horas, tal y como ocurrió.

En 2012 en el incendio desarrollado en Robledo de Chavela. El análisis nos permitió disponer los medios, con varias horas de antelación, en la zona donde se paró el frente de avance.

A quien comience en incendios forestales le aconsejaría que analice en profundidad los condicionantes que influyen en el desarrollo del incendio forestal en la zona donde vaya a desarrollar su trabajo y adapte los principios generales al territorio para promover medidas específicas de extinción.

¿Cuáles son los aspectos más destacados en los que hemos conseguido avances importantes?

Uno de los aspectos que más se han desarrollado son las mejoras en la seguridad y salud de los trabajadores, también los avances tecnológicos que ha incorporado nuevas herramientas, y en especial la sistemática de análisis del comportamiento del fuego.

¿Por qué es mejor para la Comunidad de Madrid el modelo de bombero de ciudad frente al modelo de bombero a cuadrilla forestal en la lucha contra incendios forestales?

El modelo de la Comunidad de Madrid siempre ha sido mixto, desde tiempos de la Diputación, donde la Sección de Incendios del Servicio Forestal comenzó a atender emergencias de toda índole en zonas rurales y pequeños municipios con los bomberos a tiempo completo. A ellos se unían en verano cuadrillas de trabajadores contratados, dirigidos por los capataces forestales y guardas forestales, que trabajaban en conjunto con las cuadrillas del ICONA dirigidas por los guardas estatales y ubicadas en los montes del Estado.

La red de vigilancia se gestionaba de forma directa por la Sección de Incendios del Servicio Forestal. Ello hizo que el Cuerpo de Bomberos tuviera desde su nacimiento una marcada tendencia forestal, de hecho, la primera promoción de suboficiales eran en su mayoría capataces forestales. Posteriormente, la demanda de servicios por emergencia hizo que el Cuerpo de Bomberos creciera en recursos para atender todo tipo de emergencias. Ahora la gran extensión de interfaz urbano forestal hace que prácticamente todos los incendios de vegetación afecten a bienes de naturaleza no forestal y a núcleos urbanos muy poblados.

Como carácter genérico, cabe decir que un incendio forestal requiere para su contención de una organización entrenada en la resolución de emergencias, con experiencia y habilidad en la utilización de los recursos, muy estructurada, y con una disciplina estricta en la aplicación de los procedimientos de trabajo y seguridad. Aún cuando sea de alabar por el esfuerzo que realizan, ello difícilmente puede conseguirse con personal de contratación eventual cuando la lucha contra los incendios forestales es para ellos una ocupación estacional.

El modelo de la Comunidad de Madrid siempre ha sido mixto, desde tiempos de la Diputación, donde la Sección de Incendios del Servicio Forestal comenzó a atender emergencias de toda índole en zonas rurales y pequeños municipios con los bomberos a tiempo completo

¿Cuáles son las principales diferencias entre el modelo de extinción de la Comunidad de Madrid y un modelo más forestal?, ¿qué diferencia hay en su forma de atacar el incendio forestal?

Yo destacaría dos procedimientos característicos en la forma de actuar del Cuerpo de Bomberos de la Comunidad de Madrid frente a los incendios forestales: uno es la rapidez en el despacho de los primeros recursos y el segundo, la contundencia de los recursos enviados. Ello hace que pese a los numerosos incendios que se producen en la región pocos alcancen un desarrollo importante. Es obvio que esto es posible por dos elementos propios de la región, la pequeña extensión territorial frente a otras Comunidades, que permite que los recursos especialmente los aéreos lleguen en minutos a cualquier punto, y la cantidad de medios disponibles.

Destacaría dos procedimientos característicos en la forma de actuar del Cuerpo de Bomberos de la Comunidad de Madrid frente a los incendios forestales: uno es la rapidez en el despacho de los primeros recursos y el segundo, la contundencia de los recursos enviados

¿Qué supuso el Premio Batefuegos de Oro Honorifico que recibió en 2018?

Personalmente un honor por el reconocimiento y una de mis mayores satisfacciones profesionales.

¿A qué personas le gustaría recordar?

A los que más simbolizan para mí la lucha contra incendios forestales en la región de Madrid, a “Los 300”. Cuando ingresé hice el número 280 de los miembros del Servicio y durante una década nos mantuvimos alrededor de los 300, atendiendo todo tipo de emergencias. En verano era frecuente que nos encontráramos varios días trabajando en el mismo incendio forestal con recursos escasos, con un mínimo apoyo aéreo, pero con una capacidad de trabajo y una entrega difícil de igualar.

“Los 300” son los que más simbolizan la lucha contra incendios forestales en la región de Madrid. Durante una década nos mantuvimos atendiendo todo tipo de emergencias con una capacidad de trabajo y una entrega difícil de igualar.

¿Qué consejos podría dar a las nuevas generaciones de profesionales en defensa contra incendios forestales?

A cualquiera que se inicia en la lucha contra los incendios forestales, le aconsejaría que analice en profundidad los condicionantes que influyen en el desarrollo del incendio forestal en la zona donde vaya a desarrollar su trabajo y adapte los principios generales al territorio para promover medidas específicas de extinción.

Isabel Poza e Ismael Muñoz