Hilos de vida que tejen historias

En ocasiones, un pequeño detalle enseña la punta de un hilo del que tirar. Después, con paciente y sensible curiosidad hay que seguirlo para separarlo de la enredada madeja al que está unido. Esto fue lo que hizo Flor Blanco para descubrir al autor de 1.300 antiguos y oscuros negativos sobre cristal que encontró guardados en cajas. Paralelamente, otra investigación, de Javier María García y José Ceballos sobre la Escuela de Ingenieros de Montes en El Escorial, tira de otro hilo. Cuando, por casualidad, se cruzan ambos, se multiplica la curiosidad de los tres investigadores.
La aguja que tejerá la historia es Félix Monteverde, ingeniero de montes, fotógrafo y profesor en la escuela. Cien años después una exposición y un libro recuperan respectivamente el legado gráfico de Félix Monteverde y la memoria de la Escuela. Se presentan el mismo día en la que ahora es Casa de Oficios de San Lorenzo del Escorial y entonces fue la escuela.

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Gabarreando pinos en Peguerinos (Ávila)

La exposición podría ser una más si no tuviera una serie de ingredientes que la hacen especial: la forma en cómo se descubren las fotografías; su calidad artística y enorme valor documental de una época y de unos oficios; y la personalidad y vida de su autor, Félix Monteverde, ingeniero de montes y fotógrafo aficionado.

El libro, Saber es Hacer. Memorias de la Escuela Especial de Ingenieros de Montes de El Escorial (1869-1914), es una extensa y profunda recopilación de la actividad docente, de la vida de los alumnos y profesores, los estudios que se impartían y la actividad repobladora de los montes cercanos al pueblo que desarrollaron la escuela, profesores y alumnos. “La imagen del Monasterio, del pueblo de San Lorenzo del Escorial y del monte Abantos no sería la que hoy vemos sin el esfuerzo de los ingenieros de montes y estudiantes de la Escuela”, asegura José Ceballos.

monteverde-estibadoras-barco-valencia-osboEl viernes 17 de diciembre se presentaron en público la exposición fotográfica y el libro en la Casa de Oficios de San Lorenzo del Escorial, antigua sede de la Escuela de Ingenieros de Montes entre 1869 y 1914. Allí, Félix Monteverde fue un reconocido profesor entre 1904 y 1912 y un extraordinario testigo gráfico de la vida de la Escuela y de su influencia en el desarrollo urbanístico, social y económico de San Lorenzo del Escorial.

Libro y exposición cuentan con la ayuda del Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico y el de Agricultura, Pesca y Alimentación, “con la intención de vincular historia, cultura y gestión forestal como motor del desarrollo de tantas comarcas y pueblos”, comenta Guillermo Fernández Centeno, subdirector general de Política Forestal y Lucha contra la Desertificación.

El descubrimiento

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Familia en el interior de la vivienda.

El azar quiso que la persona adecuada se encontrase “un regalo” en la rehabilitación de la que sería su nueva casa. Se trataba de 1.300 negativos en cristal, guardados en unas cajas con el rótulo “placas fotográficas”. Había que comprobar qué eran aquellos “cristales oscuros” para descubrir que tenían “una calidad extraordinaria. El fotógrafo había sido una persona con sensibilidad artística poco común”, comenta Flor Blanco García, su descubridora y comisaria de la exposición.

No pudo evitarlo, tenía que investigar quién era su autor, quién era aquel “Sorolla de la fotografía por lo bien que trataba la luz y que había dejado un documento gráfico para la historia. Se adivinaba una persona culta, muy viajera para la época”, asegura su descubridora.

El primer paso fue comprobar quién era el propietario de la casa recién adquirida donde encontró los negativos. Después, investigar los papeles encontrados junto a ellos, revelar esos negativos y comprobar los lugares, personas y actividades retratadas, con atención a los pequeños detalles que podrían dar la clave, como así fue.

Un portacartas sobre un escritorio, que aparecía en varias fotografías, fue el hilo que indicó el camino a seguir. “Con una lupa comprobé que era de la Escuela de Ingenieros de Montes en El Escorial”. La comprobación del censo de la escuela permitió encontrar el nombre de Félix Monteverde, quien, curiosamente, firmaba una pandereta pintada con un paisaje de las dehesas de El Escorial, encontrada también en la casa y dedicada al anterior propietario, una persona de apellido Arribas. La inscripción decía “Al amigo Arribas. F. Monteverde”. “La pintura era la misma que una de las fotografías y deduje que era el autor de ellas”, afirma Flor Blanco.

Arribas y Monteverde nacieron en Madrid y tuvieron vidas paralelas que me hicieron dudar de la autoría de las fotos”, afirma Flor. La catalogación geográfica y temporal del resto de fotografías fueron desenredando los nudos de la madeja que permitirían llegar hasta el final del hilo: Félix Monteverde.

El ingeniero de montes fotógrafo

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Niños en la sierra con el monasterio de El Escorial al fondo

Flor Blanco, que es catedrática de Historia de Instituto, descubrió que Félix Monteverde fue hijo único de un militar de alta graduación, que tuvo entre otros destinos Zaragoza, Burgos y Madrid y formó parte de una misión a San Petersburgo en 1890.

Félix Monteverde nace en Madrid y estudia en el instituto Cardenal Cisneros, donde coincide con el que sería su amigo el resto de su vida, Arribas, padre del propietario de la casa donde se encontraron las imágenes. Localiza a Monteverde y Arribas unos años después en el mismo instituto en Burgos, en el Cardenal Mendoza, donde acabaron el bachillerato. Son hijos de altos funcionarios, “ambas familias formaban parte de la élite social y dieron buena formación a sus hijos”.

La llegada de Monteverde a El Escorial fue en 1904, como profesor numerario de Zoología, Mineralogía y Geología, con 29 años. Llegaba desde Valencia, donde había estado destinado, es viudo y tiene una hija fruto de su primer matrimonio. Dos años después se casará con una joven diez años menor que él, natural de El Escorial, con la que tendrá una niña en 1917.

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Alumnos descansando en el monte

Félix Monteverde terminó sus estudios de ingeniero de montes con 24 años. Fue el número uno de la cuarenta y cuatro promoción. Cuando llega a la Escuela de Montes del Escorial “son los años en los que se hace la repoblación de los montes que rodean el Monasterio de El Escorial, desarrolla una intensa labor docente, de publicaciones y de viajes a las Exposiciones Internacionales de Burdeos y París, o con los alumnos a Alemania en crucero por el Rin”.

Un problema de salud en 1912 le obliga a dejar la escuela como profesor numerario para mantener solo colaboraciones. En 1917 quiere volver a la escuela como profesor titular pero la escuela se había trasladado a Madrid

Unas fechas antes sucede un luctuoso suceso con la muerte de dos alumnos en una reyerta con algunos mozos del pueblo. “La decisión de trasladar la escuela a Madrid estaba ya tomada, este acontecimiento probablemente solo acelera los hechos”, asegura Javier María García.

Monteverde es destinado a León y posteriormente a Valencia donde morirá el 3 de enero de 1919 en Gavarda, con 43 años.

La exposición

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Banderas de vigilancia de incendios en Abantos

Los negativos ofrecen motivos muy variados de todos los lugares que visitó o en los que trabajó Félix Monteverde, además de su vida familiar. “Le interesa el mundo rural, los gancheros en el río con los troncos, los bueyes tirando de los carros o de las barcas para sacarlas del mar, las mujeres en los lavaderos y distintos tipos populares. Pensé en un primer momento que era sociólogo, nunca pensé que fuese ingeniero de montes”, asegura Flor.

La exposición recoge una representación de algunos de los principales temas retratados por Monteverde. En concreto, de la actividad profesional y lúdica de la Escuela, del desarrollo urbanístico del Escorial, de la vida familiar y de su estancia en Valencia, “que poco tiene que ver con su carrera profesional”.

Tal es la calidad de algunas de sus fotografías que recibió algunos premios “por cómo trabajó la luz y los reflejos en el agua”.

Las fotografías de El Escorial y sus gentes son un documento histórico de cómo ha evolucionado urbanísticamente el pueblo. Pero también retrata a profesores y alumnos de la escuela, su actividad repobladora en el monte La Jurisdicción, sus prácticas en Pinares Llanos, las casas forestales en Peguerinos, los rebaños de ovejas y cabras con sus pastores, celebraciones junto a casas forestales, la corta de pinos y el acarreo posterior.

Resulta difícil elegir una imagen porque cada una de ellas tiene un significado especial por los tipos sociales que aparecen, el lugar retratado, o su calidad. Es imposible no fijarse en la que refleja el sistema de banderas que se instala en el monte para avisar en caso de incendio forestal.

Observar con detalle las imágenes permite conocer e imaginar una época, una sociedad e incluso un espíritu profesional.

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Xátiva (Valencia)

Saber es hacer

saber-hacer-escuela-montes-escorial-osboEn 1848 se crea la primera Escuela Especial de Ingenieros de Montes en Villaviciosa de Odón (Madrid). Son los tiempos de la revolución industrial y “el país necesita hombres prácticos, dinámicos, con conocimientos científicos que solucionen los problemas de la sociedad. Aparecen los ingenieros de Minas, Caminos y Montes, herederos de la Ilustración y fruto de la revolución industrial burguesa”, asegura Javier María García, coautor del libro Saber es Hacer. Memorias de la Escuela Especial de Ingenieros de Montes de El Escorial (1869-1914).

La escuela pasará de Villaviciosa a El Escorial cuando se exilia Isabel II, se desamortiza así el edificio en el que estaba instalada en Villaviciosa y el convento de Sor Patrocinio, en El Escorial, deja de recibir el dinero de la Corona que lo mantenía. “El gobierno de España ve posibilidades de instalar la escuela de ingenieros de montes en El Escorial porque necesita montes para hacer prácticas”, señala Javier María. “Son los primeros en dar enseñanza al aire libre, antes incluso de que lo propusiera la Institución Libre de Enseñanza”.

La escuela creó el primer instituto de investigación forestal en España, el laboratorio ictiogénico del Batán para criar alevines con los que repoblar los ríos, un vivero forestal con una estación de ensayo de semillas, una estación fluviométrica en la Fuente de la Teja y una biblioteca que llegó a provocar la envidia de ilustres visitantes alemanes e ingleses, “como John Crombie Brown que recomendó al gobierno Británico la organización y estructura de la escuela del Escorial para montar estos estudios en Inglaterra”, recuerda Javier María.

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Peón ante las laderas del puerto Malagón

El libro no deja detalle sin observar. Describe la procedencia de los alumnos, “casi todos de la alta burguesía, aunque también hubo alumnos de clases más modestas”.

Vivían en casas de patronas a las que alquilaban habitaciones. “A estas casas las denominaban repúblicas y adquirían el nombre de la patrona. Eran conocidas la república de la señora Elvira y la Luisa, entre otras”.

Los alumnos se dividían por categorías en función del curso que estudiaban. Así, estaban:

– La canalla, de primer curso. Estaban obligados a pasar “la patente”, que consistía en invitar a una cena en un restaurante de Madrid al resto de los alumnos de la escuela.
– Gentuza, estudiantes de segundo curso.
– Puntos, eran los que cursaban tercero.
– Alumnos, los estudiantes de cuarto curso.
– Señores alumnos, los de quinto.
– Compañeros, los que cursaban el sexto y último curso.

“La escuela era uniforme, disciplina y espíritu de cuerpo, parecía una academia militar. Llega a su máximo esplendor en 1097 y a partir de ahí comienzan las quejas de los alumnos por su sensación de aislamiento en El Escorial, rechazo al uniforme, un creciente republicanismo, que se manifestó en protestas públicas ante una visita de miembros de la Casa Real al Escorial, y la pugna por un modelo universitario en Madrid frente al que proponía la escuela”, comenta Javier María.

La respuesta del director de la escuela, Joaquín María Castellarnau, fue más disciplina, “lo que provocó una mayor actitud rebelde de los alumnos”.

Una repoblación que hará historia

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trabajos en vivero Los Llanillos

El gran recuerdo de la escuela es la repoblación del monte Abantos, completamente pelado después de siglos de sobrepastoreo”, afirma José Ceballos, coautor del libro.

El libro recoge profusamente todo el proceso que llevó a la elección del monte de la Jurisdicción para las prácticas de los alumnos en 1894, en la cuenca del Romeral, junto a la fuente La Teja”. La segunda etapa se desarrolla en este monte en 1899. En aquellos años se levantan las casillas y casas forestales para la vigilancia de la repoblación y el control del material.

Destaca la figura de un ingeniero de montes natural de El escorial, Miguel del Campo, “gran artífice de la planificación y organización de las repoblaciones en La Jurisdicción primero y en el monte El Romeral, después. Es la obra de su vida, el trabajo de un hombre metódico que seguía la máxima de imitar en todo lo posible a la propia naturaleza”.

Las repoblaciones tuvieron una gran repercusión económica en el pueblo, supusieron la llegada de jornales, “aunque pronto se dieron cuenta de que no era tan sencillo como plantar árboles, los trabajadores necesitaban una mínima cualificación”, señala José Ceballos.

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Fiesta delante del chalé El Capricho, en El Escorial

“Miguel del Campo decía que las especies indígenas debían ser siempre las preferidas”. Así eligieron el pino silvestre de 1.400 metros hacia arriba y el pino negral para cotas inferiores. “También se utilizó el roble en las zonas más húmedas o sombrías porque Miguel del Campo era partidario de las masas mixtas y su idea siempre fue introducir las frondosas en cuanto los pinos arraigaran”.

Las repoblaciones fueron evidentemente a mano, “manteniendo la línea de cota” y a raíz desnuda, “por lo que el vivero debía estar lo más cerca posible”. Las semillas utilizadas fueron en un primer momento de procedencia extranjera. Hay facturas de compra a las casas Vilmorin Andrieux y Henry keller Fils, aunque posteriormente utilizaron semilla procedente de los pinares de Coca en Segovia.

Al conocer el monarca la experiencia y éxito de la repoblación en la Jurisdicción, quiso que se repitiese la experiencia en un monte aledaño, El Romeral. “Es una repoblación que se hace a semejanza de la del monte Jurisdicción, pero no tiene nada que ver con la escuela, se hace con el presupuesto de la Casa Real”, cuenta José Ceballos.

El vivero en donde se plantaba la semilla se llamaba Llanillos y era cuidado por chavales del pueblo que “con un palo ahuyentaban a los pájaros para evitar que se comieran la semilla. Cobraban en función del éxito que tenían en su plantel”.

Fotografías y libro son un documento imprescindible para conocer los comienzos de la ingeniería de montes, sus primeras obras y la sociedad en la que se desarrollaron. Acercarse a la Casa de Oficios de San Lorenzo del Escorial a contemplar la exposición es una forma de conocer la sociedad, la obra y la profesión.