Comienza el año con incendios forestales en Cantabria y Asturias

Terminó 2021 como empezó 2022, con incendios forestales en Asturias y Cantabria. En concreto, hay en estos momentos 50 incendios activos en Asturias, donde se decretó el viernes a las 17:15 el estado de emergencia en el INFOPA. En Cantabria, el lunes amaneció sin incendios forestales activos, después de que se declarasen 42 en las primeras 48 horas de 2022.

En Cantabria llueve sobre mojado, su presidente, Miguel Ángel Revilla, vuelve a utilizar las redes sociales para acusar de los incendios a “pirómanos”, es decir, “enfermos con una patología o tendencia enfermiza a causar incendios”. No son pocas las voces profesionales que vuelven a cuestionar la oportunidad e idoneidad de los mensajes del presidente cántabro en esta materia.

Según los datos suministrados por el Plan Estratégico de Prevención y Lucha contra los Incendios Forestales de Cantabria 2017-2020, (PEPLIF) que recoge la estadística desde 1985 hasta 2014, el 81 % de los incendios son intencionados y de ellos, el 92 % responden a la motivación de desmatorralización y regeneración de pastos para ganado.

Para Virginia Carracedo, de la Universidad de Cantabria, “es importante hablar con los términos adecuados, denota conocimiento e interés, o que se está bien asesorado. Si insiste en hacerlo incorrectamente, en contra del criterio de todos los profesionales que trabajan en la lucha contra los incendios, es un desprestigio del trabajo de los profesionales de la administración y de los documentos oficiales de su propio gobierno”.

El PEPLIF tiene un capítulo dedicado a la comunicación y sensibilización social y marca claramente los conceptos a los que todos los profesionales y la sociedad debe recurrir para comprender la problemática de los incendios forestales. Para Virginia Carracedo, “si el presidente insiste en utilizar mal este término confunde e incendia las redes sociales porque ayuda a expandir un concepto erróneo y así no podemos hacer la prevención adecuada, ni conciliar intereses y eso me parece muy grave para un presidente autonómico. No llego a comprender por qué después de tantos años insiste en utilizar erróneamente este término”.

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Foto 112 Cantabria

Un análisis de la ocurrencia y la localización geográfica de los incendios señala claramente una serie de comarcas donde se produce el mayor número de incendios. De 2009 a 2014, señala la estrategia, “en los municipios de Vega de Pas, San Roque de Riomiera, Soba y Arredondo existen zonas que se queman todos los años”.

Los incendios se concentran especialmente en los Montes de Utilidad Pública (MUP) que pertenecen, prácticamente en su totalidad, a entidades locales (Ayuntamientos, Juntas Vecinales y Concejos). Los MUP suponen el 74 % de la superficie forestal regional y concentran el 85 % de la superficie incendiada.

El análisis temporal de los incendios demuestra que de enero a abril son los meses de mayor número de incendios y de mayor superficie quemada. Destaca marzo por encima de todos ellos.

La situación meteorológica que se da cuando se produce el mayor número de incendios es de anticiclón con vientos del sur y suroeste, se las conoce coloquialmente como “suradas”.

“Dependiendo de la duración de estas condiciones meteorológicas, su intensidad y otras características como la pluviometría acumulada (índice de severidad de sequía), estos episodios serán de mayor o menor gravedad, siendo previsible que el índice de peligro sea más elevado al final de cada periodo”, es decir al finalizar cada surada.

Dicho de otro modo, cuando hay viento del sur o soroeste con anticiclón es fácil suponer que habrá incendios forestales en determinadas comarcas donde se repiten anualmente. ¿Habría que concluir que en esos municipios hay un elevado índice de patologías o tendencia enfermiza a causar incendios entre sus habitantes?

La estadística que ofrece la Estrategia señala que la causa principal de los incendios es la intencionalidad, superando el 81 % de los casos. Además, “la motivación de esta intencionalidad se corresponde, en casi el 92 % de las ocasiones, con prácticas de regeneración de pasto o desmatorralización”.

Pero hay más datos que señalan en una misma dirección: los accidentes o negligencias suponen algo más del 13 % y prácticamente el 86 % de éstos se deben a prácticas vinculadas a la regeneración de pasto o la desmatorralización.

Concluye en su análisis la estrategia que “en Cantabria los incendios forestales obedecen a intereses vinculados con la regeneración del pasto o con objeto de evitar la matorralización del terreno; y son, con carácter general, intencionados; si bien existe un porcentaje no despreciable debido a accidentes o negligencias que se cometen persiguiendo esos mismos fines”.

Sin embargo, Virginia no está de acuerdo con lo que considera “una simplificación de la realidad de los incendios en Cantabria y de las responsabilidades”. En su opinión, en primer lugar, falta investigación de causas que demuestre lo que considera “una creencia popular que pone el foco casi exclusivamente en el sector ganadero de forma genérica y no es justo ni útil para resolver una serie de conflictos sociales que se mezclan y están detrás de los incendios”.

En segundo lugar, considera imprescindible realizar trabajo de campo social, “conocer las motivaciones que están detrás de los incendios. La base está en las motivaciones pero para conocerlas hay que dedicarle tiempo y te puedes encontrar cosas muy difíciles de resolver que es muy probable que ni siquiera en un periodo electoral pudiera hacerse. El PEPLIF lo contemplaba y en cinco años no se ha hecho nada ¿Tan difícil es intentar conocer las motivaciones?”.

Y señala algunas otras cuestiones como la falta de gestión forestal en un medio que aumenta cada año por el abandono rural; la existencia de una población envejecida a la que no se le dan soluciones de gestión del matorral o de la vegetación que cada año cerca sus poblaciones o viviendas; los mal llamados ganaderos que ni siquiera viven en el territorio y no manejan el ganado; conflictos con la administración pública, entre vecinos, en ocasiones incluso entre pueblos, o circunstancias relacionadas con periodos de subvenciones y problemas con fauna salvaje como el lobo. Hay una enorme casuística que se entremezcla y que es necesario conocer”.

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Datos del PEPLIF de Cantabria 2014-2020

Temporalidad similar en Asturias

La Estrategia Integral de Prevención y Lucha contra los Incendios Forestales en Asturias (EPLIFA) sitúa los incendios en fechas muy similares a las de Cantabria. Los períodos de máximo número de incendios van desde la segunda semana de febrero a la primera de abril, con el pico más alto en la segunda quincena del mes de marzo. De 2005 a 2018, el 43 % de los incendios en Asturias se produjo entre febrero y abril.

La segunda época con más incendios es la de julio a octubre, especialmente agosto, en la que se producen el 25 % de los incendios en Asturias. En la época de máximo riesgo en la región mediterránea, la de mayor insolación y temperatutras más altas, ha visto cómo se reducían los incendios en el Principado. En la segunda quincena de agosto y la primera de septiembre, el número de incendios ha pasado del 14,2 al 8,9 % de los incendios anuales.

“La distribución anual de las superficies afectadas también experimenta tendencias de cambio similares a las del número de incendios, retrasándose la incidencia de febrero y septiembre hasta marzo y octubre”. Destaca la EPLIFA la baja incidencia en superficie quemada en los períodos de máximo riesgo por “máxima insolación y mínimas precipitaciones”.

Entre febrero y abril se quema el 52 % de la superficie que se quema anualmente en Asturias. Otro 16,4% se registra en el mes de octubre y un 12,2% en la segunda quincena de diciembre.

En cuanto a las motivaciones, la investigación de causas señala que el 83 % de los incendios forestales “tienen su origen en la intervención humana ya sea por accidentes, negligencias o intencionalidad”.

El 61,1 % de los ocurridos en Asturias entre 2009 y 2018 fueron intencionados, es decir más de 9.300 incendios. “6.500 se atribuyeron a motivaciones vinculadas con prácticas ganaderas, lo que supone un 42,3 % del total y cerca del 70 % de los intencionados. Entre el resto de motivaciones destacan las prácticas agrícolas que, con un 13 % del total de los incendios, representan la quinta parte de los intencionados, y las motivaciones desconocidas con un 4,3 %”.

Las negligencias suponen un 21,6 % de total de los incendios. Pero dentro de ellos, las llamadas “limpiezas de vegetación” es la causa más común (10 %), seguida de las quemas agrícolas (3,4 %), las quemas ganaderas (2,9 %) y trabajos forestales (2,1 %).

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Número de incendios por causas en Asturias. Fuente EPLIFA

Estos datos se analizan desde 2009, momento en el que “se produce un cambio de criterio en la asignación de causas supuestas”. No se comparan con años anteriores por esa diferencia de criterio, además, a partir de 2015 “se establece una nueva clasificación de causas y motivaciones para los partes de incendio”, lo que obliga a un reajuste de los datos en la serie 2009-2018.